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Gianfranco Ravasi

2018/10/24

La ambigüedad de un «Queridos hermanos masones»

Traducción de Carmelo López-Arias.

(da "religionenlibertad.com")

El padre Rosario Esposito (1921-2007), religioso paulino que al final de su vida decidió hacer pública su pertenencia a la masonería, calcula que la Iglesia ha lanzado 586 condenas contra la orden de los francmasones. Muchísimas. La razón de tan reiterado interés por parte de los Papas es principalmente la incansable acción de lobby de los hermanos, que no cejan jamás, al día siguiente de cada nueva condena, de proclamarse para nada hostiles a la Iglesia católica: a cada ocasión, los Papas no demostrarían no haber comprendido que el nuevo tipo de masonería habría abandonado toda forma de animadversión contra la Iglesia.

La primera condena antimasónica fue lanzada por Clemente XII en 1732, solo pocos años después de la fundación de la Gran Logia de Londres en 1717. Habida cuenta de los reiterados juramentos que obligan a los hermanos masones al secreto sobre todo lo concerniente a la vida de la logia, y habida cuenta también de que la violación de dicho pacto implica la pena de muerte, la rapidez de la condena es prodigiosa. En la carta apostólica In Eminenti, el Papa Lorenzo Corsini especifica que su pronunciamiento se refiere a todas las asociaciones de tipo masónico, independientemente de cómo se denominen. Precisión de no poca importancia.

El último pronunciamiento sobre la masonería lo emitió el 26 de noviembre de 1983 el cardenal Joseph Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, escribiendo con la explícita aprobación del Santo Padre Juan Pablo II. La condena secular se reitera en términos clarísimos. La causa de este nuevo pronunciamiento es –una vez más– que el Código de Derecho Canónico de 1983 no condenó explícitamente la masonería: al no mantenerse la excomunión, las logias deducen (mejor dicho: afirman y proclaman que deducen) que la hostilidad eclesiástica hacia ellos se ha terminado.

En un artículo de 2016 titulado "Queridos hermanos masones", el cardenal Gianfranco Ravasi reseñaba “un interesante volumen” que, además de la declaración de Ratzinger, incluye “dos documentos de sendos episcopados locales, la conferencia episcopal alemana (1980) y la de Filipinas (2003)”. Analizando estos textos, Ravasi llega a la conclusión de que, como escriben los obispos alemanes, “hay que ir más allá ‘de la hostilidad, de los agravios, de los prejuicios’ recíprocos, porque ‘respecto a los siglos anteriores han mejorado el tono, el nivel y el modo de expresarse las diferencias’, las cuales, sin embargo, siguen existiendo de forma clara”.

¿Qué dicen los obispos alemanes? Recorramos los puntos principales de su texto en el orden en el que se mencionan.

¿Es posible plantear una nueva relación entre la Iglesia católica y la masonería?, se plantean los prelados. “La opinión según la cual la masonería se habría transformado hasta el punto de que la posición anterior de la Iglesia quedaría superada” se ha difundido por medio de “una amplia actividad dirigida a la opinión pública en forma de congresos, puertas abiertas de las logias, publicación de libros, artículos en diarios y revistas” (curiosamente, habla de artículos en diarios…).

Los obispos precisan: esa opinión se vio favorecida por una cierta forma, completamente falsa, de interpretar el último Concilio “como si la Iglesia hubiese abandonado la idea orientadora de una verdad objetiva, sustituyéndola por la de dignidad humana, de donde se seguiría una relación de proximidad entre la Iglesia católica y la masonería”.

Los cosas no son así, porque “la masonería cuestiona la Iglesia de modo fundamental”. Es cierto que “han mejorado y cambiado el tono, el nivel y el modo de expresarse las diferencias”, como también es verdad que la Iglesia sabe que debe colaborar “cuando se trata de alcanzar fines humanos y caritativos” (¿y cuándo ha sucedido lo contrario?), pero también es verdad que “la masonería, en su esencia, no ha cambiado” y por tanto “queda excluida la pertenencia simultánea a la Iglesia católica y a la masonería”.

Las declaraciones de incompatibilidad no “impiden, sin embargo, el diálogo”, escribe el cardenal. Es curiosa la alusión, porque no hay ningún periodo histórico en el que la Iglesia no haya estado abierta a la discusión. Y esto vale desde el principio, empezando por la primera carta de Pedro (“estad siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza, pero hacedlo con dulzura y respeto”, 1 Pe 3, 15-16), y continuando con todo el pensamiento filosófico cristiano (véase la Ciudad de Dios de Agustín o la Summa de Tomás). Por el contrario, es característica de la masonería la definición de un tipo muy particular de diálogo, apto para que desaparezca la verdad católica: “El punto principal consiste en separar del Papa al mayor número posible de católicos… Un modo lento, pero seguro, de combatir y apagar ese monstruo llamado superstición católica, que se encarna en el Papa y en el ejército clerical, tan numeroso y bien organizado, es la libre discusión, cuyo sonido resuena ahora por fin dentro de los muros del Vaticano”, escribe en 1871 el masón Giuseppe Ricciardi.

Tras haber hablado de diálogo, el cardenal escribe una frase alusiva decididamente incomprensible: hay que “superar esa actitud de ciertos ambientes integristas católicos que, para atacar a algunos representantes de la Iglesia –jerarquía incluida– que no les gustaban, recurrían al arma de la acusación apodíctica de su pertenencia masónica”. ¿A quién se refiere Ravasi? ¿Quiénes son los que desacreditan a algunos miembros de la jerarquía -y a cuáles- atribuyéndoles una pertenencia masónica no demostrada? Ese arma de la que habla Ravasi tiene un nombre preciso: se llama calumnia. Habría pues que concretar la acusación, al tratarse de una materia grave. De otro modo, se mete todo en el mismo saco, mandando mensajes más de tipo mafioso que erudito.

Además del análisis de un documento producido por una conferencia episcopal concreta, quizá no habría estado mal hacer alguna mención al riquísimo magisterio pontificio, siempre claro y neto, magisterio que reiteradamente pone en evidencia el carácter satánico del proyecto masónico. ¿Qué queda tras la lectura del artículo de Ravasi? La sensación de que el diálogo entre la masonería y la Iglesia católica debe oficializarse, superando la secular contraposición frontal. No estaría mal si, por enésima vez, la Santa Sede se pronunciase de nuevo contra la masonería.

Publicado en 2016 en La Nuova Bussola Quotidiana, republicado ahora por dicho periódico a raíz de nuevas propuestas de "diálogo" católico-masónico.

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Domus Monte delle beatitudini

2018/10/09

¿Escuchar? Sí, pero a Dios

Traducción de Carmelo López-Arias.

(da "religionenlibertad.com")

“Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, uno es el Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”: esto es la Shemá, “la” oración, la oración por excelencia que reza Israel dos veces al día, por la mañana al levantarse y por la tarde cuando concluye la jornada. Cuando un escriba le pregunta a Jesús: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?”, Jesús responde: “Escucha Israel. El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuezas” (Mc 12, 28-30).

¡Escucha! ¡Amarás! ¡Escucha! Éste es el único mandato para la vida. No hay más. En estos días hay un sínodo para los jóvenes. Para que puedan expresar sus dudas, sus necesidades, sus esperanzas y preguntas. Pero la respuesta que tanto Israel como la Iglesia han dado en el curso de los milenios es una sola: “Escucha, Israel; uno es el Señor”.

Tanto para los judíos como para los cristianos, la salvación viene solo de la escucha [cf. Rom 10, 17], y por tanto, de la obediencia a los mandamientos de Dios. Dios, en su misericordia, nos enseña, nos habla, para que nosotros, día tras día, escuchando, podamos seguir las huellas de los pasos que Él deja. Fuera de la escucha no hay caminos. Al menos, no son caminos que conduzcan a la vida. No hay esperanza.

¿Cuál es hoy el drama, tanto de los jóvenes como de los ancianos? Que no hay profetas. Que ya no hay nadie que hable con palabras de Dios. Y, por tanto, ya no hay nadie que escuche. La cuestión no es que los pastores oigan, escuchen el elenco de sufrimientos, de sueños, de desilusiones de los jóvenes. La cuestión es que los pastores tengan una respuesta. Y la respuesta no depende de las dificultades o de las características del momento. La respuesta verdadera es eterna: los mandamientos y la Palabra de Dios que es Jesucristo. No varía según las exigencias de las distintas épocas.

Si se privilegia el llamado diálogo, palabra de la cual no hay ni rastro en la Biblia, si se privilegia la escucha de las necesidades, de las exigencias, de las angustias y de las esperanzas de los jóvenes, como si no fuesen ya conocidas, significa que la Iglesia considera justo adaptar a los tiempos actuales y a sus características las respuestas que ha de dar. Significa que hoy ya no es posible vivir como prescriben el Levítico y la Biblia toda: “Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo” (Lv 19, 2). Éste es el mandato. Y quien lo hace posible es la gracia divina.

Yo, tras la disolución del 68, tuve la gracia de encontrar profetas que me anunciaron la verdad. Sin rebajas.

La Iglesia necesita carismas. Carismas que, como siempre ha sucedido, estén en disposición de hablar de Dios a la generación presente. Si no existen estos carismas (o si no se quiere reconocer los que existen), lo único que hay que hacer no es el diálogo, sino la oración insistente a Dios para que tenga misericordia de su Iglesia y “mande obreros a su mies”.

Publicado en La Nuova Bussola Quotidiana.

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San Michele

2018/10/02

San Miguel y el Rosario: un gesto importante

Traducción de Carmelo López-Arias.

(da "religionenlibertad.com")

En un contexto dramático, en una época en la que el Papa quedaba reducido a ser “prisionero en el Vaticano” (y lo era literalmente), cuando la masonería de todas las obediencias y de todos los países festejaba haber convertido Roma e Italia en colonias suyas, León XIII componía una oración en la que pedía al Arcángel San Miguel que se erigiese en defensor de la Iglesia y de la civilización que surge de ella. En 1884, pocos meses después de escribir la encíclica Humanum Genus, su más detallada y vibrante carta contra la masonería, el 13 de octubre el Papa tiene una visión terrorífica del demonio atacando a la Iglesia. En este contexto, compone una oración a San Miguel que ordenó se rezase al final de todas las misas: “Arcángel San Miguel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes. Y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los demás malignos espíritus que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas”.

¿Quién es Miguel? Es “¿Quién como Dios?” Es aquel de quien escribe Daniel: “El gran príncipe, que vela sobre los hijos de tu pueblo” (Dan 12, 1). León XIII clama al Gran Príncipe que salve a la Iglesia de manos de su enemigo satánico, personificado en el pensamiento gnóstico encarnado en las logias.

El 29 de septiembre, fiesta de los Santos Arcángeles, la Oficina de Prensa vaticana informó de que el Santo Padre “ha decidido invitar a todos los fieles de todo el mundo a rezar cada día el Santo Rosario durante todo el mes mariano de octubre y a unirse así en comunión y penitencia, como pueblo de Dios, para pedir a la Santa Madre de Dios y a San Miguel Arcángel que protejan a la Iglesia del diablo, que siempre pretende separarnos de Dios y entre nosotros”.

¿Quiénes son, en nuestros días, los enemigos contra los cuales invocamos la protección celestial? Nada se sabe hoy de la presencia masónica en la Iglesia, una vez que el magisterio dejó de ocuparse del asunto desde la muerte de León XIII en 1903 (salvo una breve precisión con la que el entonces prefecto de la Doctrina de la Fe, cardenal Ratzinger, quien escribía con el apoyo explícito del Papa Wojtyla, reafirmó la plena validez de las condenas pontificias).

¿Quiénes son hoy los enemigos que acechan a la Iglesia desde dentro? ¿Contra quién se debe clamar al cielo pidiendo ayuda? Vale la pena recordar que todos los autores del Nuevo Testamento ponen en guardia contra las doctrinas perversas que ciertamente se insinuarán en el interior del Pueblo de Dios.

Seleccionemos algunas advertencias:

-En su primera carta, Juan nos pone en guardia: "Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido”, salieron de nosotros “pero no eran de los nuestros” (1 Jn 2, 18).

-Mateo escribe: "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mt 7, 15).

-En los Hechos de los Apóstoles, escribe Pablo: "De entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas, para arrastrar a los discípulos detrás de sí” (Hech 20, 30).

-Pedro, en su segunda carta, advierte: "Habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán herejías perniciosas y que, negando al Señor que los rescató, atraerán sobre sí una rápida destrucción. Muchos seguirán su libertinaje y, por causa de ellos, el camino de la verdad será difamado” (2 Pe 2, 1-2).

-Y concluyamos con Pablo, quien profetiza así en la segunda carta a Timoteo: “Vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por su propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades” (2 Tim 4, 3).

La verdad os hará libres, dice Jesús. La verdad. La verdad revelada. Incluida la verdad revelada sobre el amor humano, el que une al hombre y a la mujer, llamados con su unión sacramental a participar en la obra creadora de Dios.

Hoy lo que se pone en discusión es la verdad sobre el cuerpo humano y sobre el uso que estamos llamados a hacer de él. En particular, parece haber desaparecido la conciencia de la gravedad del pecado contra natura. Sin embargo, sobre este aspecto la Biblia es clarísima, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento. Y toda la tradición con ellos.

Nos limitamos a citar dos textos:

-En Levítico 18, 22 se lee: “"No te acostarás con varón como con mujer; es abominación".

-Pablo, en la primera carta a los Corintios, escribe: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No os hagáis ilusiones: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los pervertidos… heredarán el Reino de Dios” (1 Cor 6, 9-10).

Hoy ciertamente son muchos, dentro y fuera de la Iglesia, laicos y eclesiáticos, teólogos, religiosos y obispos, los que ponen en duda la verdad revelada sobre la sexualidad. De esta manera se han separado de Dios e inevitablemente, sembrando cizaña, han confundido y dividido al pueblo de Dios.

Hace muy bien el Papa Francisco en llamar a la Iglesia, a toda la Iglesia, a la oración. El peligro es que se ponga entre paréntesis la doctrina, esto es, la verdad revelada, esto es, la condición que nos hace libres. Nuestra vida está en un gravísimo peligro y junto con nosotros está en peligro la vida de la sociedad entera.

Publicado en La Nuova Bussola Quotidiana.

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Pelayo

2018/09/08

Cuando el Reino de Asturias salvó a la España cristiana

(da "www.religionenlibertad.com")

Desde que me ocupo y escribo de historia, es decir, desde hace veinte años, siempre he ido contracorriente. La radicalidad que me llevó siendo muy joven a adherirme al 68 ya no me abandonó. Y, lanza en ristre, aunque tenga que combatir contra un ejército de periodistas, historiadores y lugares comunes con la fortaleza de los documentos y de los hechos, siempre he defendido a la Iglesia católica romana a la que pertenezco de la avalancha de mentiras que se vierten contra ella, con particular intensidad y violencia a partir del siglo XVI.

Y así, partiendo del Risorgimento y de la masonería, auténtica alma del Risorgimento, yendo hacia atrás llegué hasta Martín Lutero. También he escrito un texto sobre historia de la Iglesia en el que no he sentido la necesidad de polemizar, ni siquiera de forma encubierta. En ese caso el esplendor y el heroísmo de las cosas que contaba, unidos al poder de la ayuda divina, hablaban por sí solos.

Últimamente he empezado a dedicarme a la historia de España y de Hispanoamérica. ¿Por qué? Porque, por motivos personales, las cosas de España me interesan mucho. Y también porque con la “leyenda negra” sobre la conquista española comienza el ataque en toda regla lanzado en la época moderna por las potencias protestantes contra todo lo que lleve el nombre de católico.

Del mismo modo que a los italianos nos han llevado a despreciar nuestra historia (¡extraordinaria y única!) con el mito y la justificación del Risorgimento ([resurgimiento]… del paganismo), resurgimiento que nos ha transformado en un pueblo de descastados, también a los españoles se les ha conducido a despreciar la gigantesca empresa, casi imposible para las fuerzas humanas, que les dispuso para civilizar un continente entero, inmenso y lejano, llevando a América la espléndida cultura romana y la fe en el hombre-Dios Jesucristo, vencedor de la muerte por amor.

La historia de España y de su extraordinaria trayectoria fue posible por la fuerza de la fe, que nunca abandonó a los españoles, a pesar de todo. Un ejemplo para entender a qué me refiero: el reino romano-visigodo fue invadido por los moros en 711, y la conquista tuvo lugar de un tirón. Al Andalus tiene muy claro lo que hay que hacer: hay que destruir todo vestigio de la tradición romana y de la fe católica. Alá tiene que triunfar. ¿Cómo? Como siempre. Con la violencia indiscriminada. Con el terror.

Resistió un puñado de hombres, que se refugiaron en las montañas de Asturias. Su caudillo es Don Pelayo, que se convertirá en el primer rey del Reino de Asturias. Para convencer a Don Pelayo de la inutilidad de su resistencia, los moros pidieron la intervención de Don Opas, el herético obispo de Toledo que se había pasado al bando del islam triunfante.

Don Opas se dirige así a Don Pelayo: “Si todo el ejército godo no ha podido resistir al empuje de los musulmanes, ¿cómo puedes resistir tú en estos montes? Sigue mi consejo, abandona tu empeño y vivirás feliz con los muchos beneficios que te concederán los moros”. Según la crónica redactada un siglo y medio después, Don Pelayo habría respondido a Don Opas en estos términos: “¿No has leído en las Sagradas Escrituras que la Iglesia del Señor es como el grano de mostaza que, siendo tan pequeña como es, por la gracia de Dios se convierte en el árbol más grande? Cristo es nuestra esperanza. Estas montañas serán la salvación de España y del pueblo visigodo. La gracia de Cristo nos liberará de esta muchedumbre”.

Estamos en 722 en Covadonga [cueva de Nuestra Señora]. La Reconquista comienza con una batalla librada en una gruta perdida en los Picos de Europa. La supervivencia de España dependía de la fe de Don Pelayo y de los suyos, quienes, esperando contra toda esperanza, no se resignaron a perder su libertad, su civilización ni su religión, y presentaron batalla.

La crónica árabe, más tardía que la cristiana, cuenta el episodio de Covadonga como si fuese un hecho insignificante, y ridiculiza a Don Pelayo y sus “asnos salvajes”, como los define. Don Pelayo, el asno salvaje, fundó el Reino de Asutiras, un reino cristiano, baluarte de la religión y de la cultura española.

La batalla que se ganó en Covadonga nos da también hoy esperanza, en una época en que parece haberse perdido toda chispa de humanidad.

Publicado en La Nuova Bussola Quotidiana.

Traducción de Carmelo López-Arias.

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Papa Francesco

2018/05/07

El Camino: 50 años de su fundación en Roma

«Kiko y Carmen obedecieron: fundaron comunidades. Comunidades vivas, con familias llenas de hijos y sobrinos, de niños con muchos primos y muchos tíos, gente agradecida al Señor por los dones recibidos, personas dispuestas a hacer la voluntad de Dios.»

(da "www.religionenlibertad.com")

Cuando digo, como digo, que mi vida fue salvada por la predicación del Camino Neocatecumenal, por el esplendor de su liturgia, por la expectación de la Vigilia Pascual recuperada en toda la fuerza de su victoria sobre la muerte (con sus candelas, sus bautismos, sus cantos, con el lugar consagrado a los niños y a sus preguntas sobre la razón por la cual esa noche es única, con la tensión en la espera de la Resurrección del Señor), cuando constato los frutos esparcidos a manos llenas por la obediencia al mandato divino sobre la santidad del acto sexual abierto a la vida, cuando veo que personas congregadas casualmente en la misma catequesis se convierten con el discurrir de los años, con el paso de las décadas, en hermanos que se aman y llevan cada uno las cargas de los demás; cuando esto sucede en un mundo que camina en una dirección exactamente opuesta, que se precipita en un universo de soledad, de egoísmo y de muerte, cuando veo esto y doy testimonio de ello, no estoy haciendo retórica.

Solo estoy describiendo la realidad de la que soy testigo desde hace 47 años.

“Hay que hacer comunidades cristianas como la Sagrada Familia de Nazaret, que vivan en humildad, sencillez y alabanza. El otro es Cristo”: así le dijo la Virgen a Kiko cuando se le apareció el 8 de diciembre de 1964. Kiko y Carmen (la mujer genial, libre, culta, intuitiva, sabia, alejada miles de kilómetros de cualquier forma de adulación, que durante cincuenta años compartió con Kiko las cargas y las fatigas, pero también la alegría de la misión) obedecieron: fundaron comunidades. Comunidades vivas, con familias llenas de hijos y sobrinos, de niños con muchos primos y muchos tíos, gente agradecida al Señor por los dones recibidos, personas dispuestas a hacer la voluntad de Dios en cuanto testigos de Su manifestación en su vida, dispuestos a obedecer el mandato de Jesús: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. Quien crea y sea bautizado de salvará, quien no crea se condenará”.

En un mundo sin Dios, donde solo cuentan las razones de los más fuertes, donde impera el dictado gnóstico de un relativismo totalitario que quiere imponer a todos cuándo y cómo nacer, cómo vivir y cuándo morir, los éxitos de la predicación de Kiko y Carmen han sido asombrosos. Como siempre cuando se trata de realidades queridas por Dios. Son 21.300 comunidades, 120 seminarios con 2300 seminaristas y 2380 sacerdotes ya ordenados, 216 missio ad gentes en 62 naciones (cada una formada por 4 o 5 familias con sus hijos, un sacerdote con un compañero, algunas hermanas) para un total de 166 familias en misión con cerca de 6000 hijos.

Este sábado en Tor Vergata tuvo lugar una gran reunión de los hermanos del Camino provenientes de todo el mundo para celebrar con el Santo Padre los cincuenta años de vida de la experiencia neocatecumenal en Roma. En este contexto de gozo y alegría, el Papa envió 37 nuevas missio ad gentes y 25 “comunidades en misión” a las zonas más difíciles de Roma. Sí, porque, si no todos son llamados a convertirse en sacerdotes o itinerantes o familias en misión, todos sin distinción son llamados a evangelizar. Y así, las comunidades más antiguas, extraídas por sorteo, se desplazan a las zonas de la ciudad donde no hay presencia cristiana, donde es más urgente la necesidad de alguien que anuncie el amor omnipotente de Dios a gitanos, musulmanes, a hombres que se han acostumbrado a pasar la vida en la degradación y el sinsentido. A personas solas y sin esperanza. Este desplazamiento a zonas alejadas con frecuencia de la original supone muchas incomodidades. Mucho cansancio en los desplazamientos a causa del tráfico. Sin embargo, cuántos que viven desde hace tiempo este tipo de experiencia están contentos de poner su vida al servicio de la evangelización.

Al final de la liturgia y del envío de nuevos misioneros, un solemne Te Deum se elevó al cielo, cantado a pleno pulmón por la asamblea de cien mil hermanos de todos los continentes. La Roma ciudad-mundo, donde todos están en su casa, dio una espléndida prueba de su bimilenaria vitalidad eclesial.

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Macron no rinde honores al héroe Beltrame

2018/04/04

Macron no rinde honores al héroe Beltrame

Francia, esa divinidad en marcha de las palabras de Macron, es, a su juicio, el único ídolo que da sentido al sacrificio extremo, el de la vida.

(da "www.religionenlibertad.com")

¿Por qué el siempre tolerante Imperio Romano mandó a la muerte de forma despiadada a los cristianos durante tres siglos? Porque se negaban a idolatrar al estado y a quien lo gobernaba. Dios es Dios y solo Él debe ser adorado. A los ídolos mudos y sordos, fruto de nuestras manos y de nuestra historia, no podemos tributarles culto.

¿Por qué digo esto? Por curioso que pueda parecer, el recuerdo del Imperio Romano y de su persecución anticristiana me vino a la mente leyendo el solemne discurso pronunciado por Macron el 28 de marzo en el Palacio Nacional de los Inválidos en honor del coronel de la Gendarmería Arnaud Beltrame, el héroe del supermercado de Trèbes.

En general, los discursos oficiales están llenos de retórica. Es un puro molde. Una cosa rancia. No el de Macron, que fue un discurso “en marcha” [En marche! es el nombre de su partido], enérgico, concreto, y sin embargo lleno de solemnidad. De una solemnidad operativa, eficaz, y por tanto, digámoslo así, disfrutable. En un mundo que ha perdido la esperanza y el sentido, el discurso del presidente orienta hacia un sentido, un sentido superior: “Se lo digo a la juventud francesa que se desespera en la búsqueda de algo que sacie en nuestros días el hambre de Absoluto”. “El Absoluto está aquí, ante nosotros”, dice Macron. ¿De qué Absoluto habla? No hace falta decirlo: de Francia.

Francia, esa divinidad en marcha de las palabras de Macron, es, a su juicio, el único ídolo que da sentido al sacrificio extremo, el de la vida: “Sí, Francia merece que se le dé lo mejor. Sí, el compromiso de servir y proteger puede ser elevado al máximo sacrificio. Sí, éste tiene sentido y da un sentido a nuestra vida”. “Estar dispuesto a entregar la propia vida porque nada hay más importante que la vida de un ciudadano: ésta es la íntima energía de la trascendencia que [Beltrame] llevaba en sí. Fue esta grandeza la que impresionó a Francia”.

En el largo y seco discurso de Macron no hay lugar para otra “trascendencia” que no sea la del estado, que no sea Francia.

Y, sin embargo, Arnaud Beltrame se convierte a los 33 años, se bautiza y confirma a los 36 y desde entonces “jamás ocultó la alegría de su fe reencontrada”, como atestigua el monje Jean-Baptiste, su padre espiritual. ¿Qué tipo de hombre era Beltrame? Un hombre que había adoptado como modelo a San José, en cuyo hogar había un lugar dedicado a la oración, que recordaba con pasión las glorias de la Francia cristiana, que cuatro días antes de morir escribió una carta en la que manifestaba su “adhesión incondicional y ferviente a toda la fe católica y a su tradición”.

De este Beltrame no hay ni rastro en el discurso de Macron: el nombre de Beltrame “se ha convertido en el nombre del heroísmo francés, la encarnación de ese espíritu de resistencia que es la afirmación suprema de lo que somos, de los ideales por los que Francia combatió siempre, desde Juana de Arco al general De Gaulle”.

Del mismo modo que no tiene en cuenta para nada el lugar de la fe en la vida de Beltrame, Macron olvida también que la pastorcilla de 17 años condujo al ejército francés a la victoria no por un ideal, sino por obediencia a una voz. La voz del arcángel San Miguel, que le ordena acudir en defensa de Orleáns y de Carlos VII. Por obedecer a esta voz, la doncella irá directa a la hoguera repitiendo hasta el último momento el nombre del Amado. De ese Amado de quien Macron no conoce ni el nombre. No sabe que existió, ni sabe que una muchedumbre de franceses le ha seguido por el camino que Él indicó: “Amaos como Yo os he amado”.

Macron es hoy la más pura expresión de la idolatría de estado.

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China: un precedente significativo

2018/02/10

China: un precedente significativo

Para comprender lo que está sucediendo hoy entre la Santa Sede y China conviene tener presente qué pasó entre la Santa Sede y Francia, la Francia revolucionaria, a finales del siglo XVIII.

(da "www.religionenlibertad.com")

La historia de la Iglesia es compleja. Pero para comprender lo que está sucediendo hoy entre la Santa Sede y China conviene tener presente qué pasó entre la Santa Sede y Francia, la Francia revolucionaria, a finales del siglo XVIII.

Don Margotti, el sacerdote historiador-periodista amigo de Pío IX que, con pasión por la verdad, por nuestra religión y por nuestra civilización, documenta punto por punto la violenta inmoralidad que se impuso en Italia en nombre del Risorgimento, sintetiza así los destrozos producidos por la Francia jacobina: cincuenta mil iglesias y capillas destruidas, demolidos doce mil monasterios, conventos y prioratos, saqueados e incendiados veinte mil palacios.

Las piedras no sufren, pero el trato reservado a hombres y mujeres en nombre de la libertad pasó como una apisonadora sobre el cuerpo y la vida de cientos de miles de personas, aplastando y aniquilando todo. Una tragedia. De las que te dejan sin respiración, atónita.

En esa situación, tras el momentáneo fin de la violencia anticatólica, Napoleón, antes de dar comienzo a un nuevo tipo de violencia para conquistar Europa, necesita que el pueblo francés esté unido bajo su mando. Necesita hacer las paces con la Francia católica. Necesita, por tanto, del Papa, a quien impone la firma de un concordato escandaloso. Es 1801 y Pío VII, a cambio de que se permita de nuevo el culto católico, a cambio de una cierta cantidad de dinero como simbólico resarcimiento por la confiscación de las propiedades eclesiásticas, acepta sustituir a todos los obispos, incluidos los que habían resistido heroicamente a la opresión jacobina afrontando concretísimos riesgos de muerte, persecución y cárcel (“Su Santidad sugerirá a los titulares de las sedes episcopales francesas que, con confianza, se espera de ellos, por la paz y la unidad, algún tipo de sacrificio, incluido el de la propia sede”, art. 3), y acepta que los nuevos obispos sean designados por el Primer Cónsul, a quien deben también prestar juramento de fidelidad (“Juro y prometo a Dios sobre los Santos Evangelios guardar obediencia y lealtad al gobierno establecido por la constitución de la República Francesa. Prometo también no consentir ni asistir a reuniones ni mantener relaciones directa o indirectamente contrarias al orden público; prometo que en cuanto sepa que en mi diócesis o en otro lugar se está conspirando contra el Estado, informaré al gobierno”, art. 6).

En 1804 se vuelve a las andadas. Pío VII es obligado a asistir a la farsa de autocoronación del emperador Napoleón. Dos años después se declara anulado su poder temporal, el Papa es encarcelado, Roma se transforma en una provincia francesa.

Obviamente, las intenciones del Papa Chiaramonti eran las mejores. Había que llevar un mínimo de paz a la Francia sacudida por el terror y había que defender a los católicos franceses permitiéndoles practicar libremente su fe. En nombre del mal menor, en nombre de la adhesión al principio de realismo, fueron aceptados no tanto grandes compromisos, como grandes injusticias.

Podemos preguntarnos si sirvió de algo.

Al respecto no estará de más recordar cómo a la indómita fuerza moral, a la fe de gigante y a la ausencia de cualquier compromiso con el comunismo que caracterizaron la obra de Karol Wojtyla, siguió la disolución, como nieve bajo el sol, del primer imperio comunista de la Historia, el de la Unión Soviética.

Publicado en La Nuova Bussola Quotidiana.

Traducción de Carmelo López-Arias.Traducción de Carmelo López-Arias.

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Roma - Città del Vaticano

2017/11/03

Romana, católica y en fidelidad con Dios

«Roma es única, como única es la Iglesia que es para todos –pero realmente para todos–, por increíble y milagrosa que pueda parecer esta realidad: la católica, esto es, la universal Iglesia de Jesucristo.»

(da "www.religionenlibertad.com")

La Iglesia católica es romana. Y es romana porque es católica. No es un juego de palabras.

Hay un único lugar en el mundo, una sola ciudad, cuya historia es tan única que puede identificarse con el mundo: Roma. Así lo han creído y repetido, a lo largo de los siglos, poetas, oradores, historiadores y, posteriormente, Padres de la Iglesia, santos y Papas. De esta forma, y aunque parezca algo extraño, cada 1 de enero de cada nuevo año, el obispo de Roma bendice solemnemente a la ciudad y al mundo: urbi et orbi. Porque entre el mundo y la ciudad hay una identidad perfecta.

A mediados del siglo I antes de Cristo, el historiador griego Diodoro Sículo sintetizó así la naturaleza de Roma: “Todo el mundo como si fuese una sola ciudad”. Tres siglos después otro griego, el orador Elio Arístides, empleó esas mismas palabras en su Elogio de Roma: “Todo aquí está a disposición de todos. Nadie es extranjero en ningún lugar”. A principios del siglo V, el poeta latino Rutilio Namaciano canta: “Has construido una sola patria para pueblos diversos, has hecho del mundo una ciudad”.

En la “plenitud de los tiempos” (Gál 4, 4), cuando Dios se introduce en la historia y la transforma desde dentro porque vence a la muerte, Pedro y Pablo, las columnas, van a Roma. Y en Roma hacen realidad las aspiraciones de universalidad, incluso la pretensión de haberla conseguido, que caracterizaban a la ciudad. Y así: “No hay ya judío ni gentil, no hay esclavo ni libre, no hay hombre ni mujer, pues todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gál 3, 28); y también: “No hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro, escita, esclavo, libre, sino todas las cosas, y en todos, Cristo” (Col 3, 11).

Roma es única, como única es la Iglesia que es para todos –pero realmente para todos–, por increíble y milagrosa que pueda parecer esta realidad: la católica, esto es, la universal Iglesia de Jesucristo. Esa es la razón de que Pedro venga a Roma. El Evangelio, la Buena Nueva, se dirige al mundo entero y no se puede relegar a los límites de una sola nación: “Porque tú, gente santa y pueblo elegido, ciudad sacerdotal y real, prevaleces por la religión divina más extensamente que por el dominio terrenal”, predica San León Magno en la fiesta de los santos Pedro y Pablo, patrones de Roma (Sermón 82 [80], PL 54, 423). Y una vez más, con ocasión de la fiesta de San Pedro y San Pablo, el 29 de junio de 2008, a distancia de más de mil quinientos años del gran Papa León, Benedicto XVI repite: “Esta es la misión permanente de San Pedro: hacer que la Iglesia no se identifique jamás con una sola nación, con una sola cultura o con un solo Estado. Que sea siempre la Iglesia de todos. Que reúna a la humanidad por encima de todas las fronteras y, en medio de las divisiones de este mundo, haga presente la paz de Dios, la fuerza reconciliadora de su amor”.

Todos –y son muchos– los que a lo largo de sus dos mil años de historia han intentado destruir la Iglesia han intentado siempre hacerlo escindiendo el binomio “católico-romano”. Y lo han hecho ocupando materialmente Roma (como los Saboya y los liberal-masones al servicio de las potencias extranjeras que quisieron arrancarle a Roma su identidad sustrayéndola al mundo y convirtiéndola en capital de una nación) o bien, como Lutero, difundiendo el odio y el desprecio hacia la Iglesia romana, definida como reino del Anticristo y como la prostituta de Babilonia vestida de púrpura y escarlata. Lutero intentó convertir en universal la iglesia alemana fundada por él, pero, no consiguiendo transformar Wittenberg en una nueva Roma, se contentó con fundar una iglesia nacional. Y así lo hicieron otros muchos.

La Iglesia católica es romana y esa es para todos la garantía de su verdad. De su fidelidad a la voluntad de Dios.

Publicado en La Nuova Bussola Quotidiana. Traducción de Carmelo López-Arias.Traducción de Carmelo López-Arias.

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Sedia elettrica

2017/10/20

La esquizofrenia gnóstica sobre la pena de muerte

«La alianza con la muerte que el pensamiento dominante impone –y que quiere que las leyes ratifiquen– va acompañada por el horror ante la muerte aplicada a los culpables de los más graves delitos. ¿Cómo explicar semejante esquizofrenia?»

(da "www.religionenlibertad.com")

A principios del siglo V, en el primer libro de La Ciudad de Dios (capítulo XXI), San Agustín escribe: “El mismo legislador que así lo mandó expresamente señaló varias excepciones… Por consiguiente, no violan este precepto, no matarás, los que por orden de Dios declararon guerras o representando la potestad pública y obrando según el imperio de la justicia castigaron a los facinerosos y perversos quitándoles la vida”.

El Catecismo de la Iglesia Católica, en los número 2266-2267, aclara: “La legítima autoridad pública tiene el derecho y el deber de aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito… La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye (…) el recurso a la pena de muerte". Y señala como una de las finalidades de la pena "la defensa del orden público y la tutela de la seguridad de las personas". El poder temporal cristiano, y la misma Iglesia cuando tuvo poder temporal, se atuvieron siempre a estas indicaciones.

En las últimas décadas, el pensamiento gnóstico, radical y liberal-masónico lanzó un fuego de artillería contra la pena de muerte, que no debería aplicarse nunca, en ningún caso, ni siquiera antes crímenes crueles. Curiosamente, la aversión a la pena de muerte aplicada a los malhechores se ha afirmado paralelamente a la exaltación de la pena de muerte aplicada a los inocentes: a los millones de niños asesinados en el seno de su propia madre, y a los miles (por ahora, pero millones en un futuro próximo) de personas asesinadas porque son ancianas, enfermas o discapacitadas. El aborto se define y se publicita como una elección libre y un derecho humano, mientras que la muerte aplicada a los enfermos y a las personas con dificultades se considera “buena”, “dulce”: eutanasia, precisamente. En definitiva, un tipo de muerte tan especial que, en el fondo, no sería una muerte.

La alianza con la muerte que el pensamiento dominante impone –y que quiere que las leyes ratifiquen– va acompañada por el horror ante la muerte aplicada a los culpables de los más graves delitos. ¿Cómo explicar semejante esquizofrenia?

La familia es la institución que genera, protege y tutela –aunque no siempre, por desgracia– la vida en todas sus etapas. En particular es la familia la que protege la vida de los recién nacidos, de los niños y de los adolescentes. La vida de todos los que son objetivo prioritario de los “monstruos”, que por desgracia existen y no son pocos.

El mundo gnóstico siempre se ha caracterizado por un violento ataque a la familia, pero de forma particular el mundo gnóstico que se desarrolla a partir de la revolución luterana, triunfante en todas partes gracias a la doctrina de las “Luces”.

¿Es posible que en el origen de esa contrapuesta valoración de la muerte (buena para los inocentes, mala para los culpables) exista también el deseo de los “monstruos” de huir de las duras condenas en las que podrían incurrir? ¿Es posible que se quiera desmantelar la defensa de "el orden público y la seguridad de las personas” eliminando la máxima disuasión (por extrema y terrible que pueda ser) contra los horrendos delitos de trasfondo sexual?

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Catalogna

2017/10/05

El Estado nacional, ¿un derecho natural?

(da "religionenlibertad.com")

Traducción de Carmelo López-Arias

¿Puede la historia de la unificación italiana durante el siglo XIX ayudarnos a comprender qué está pasando hoy en España? Tal vez.

Algunas consideraciones: el alma del Risorgimento es la masonería, una institución de carácter internacional que se sirve del mito del nacionalismo para desarticular lo que existe y privarlo de su fuerza. La única institución que contrarresta las miras hegemónicas de la masonería es la Iglesia católica, ergo la Iglesia debe ser destruida, Roma conquistada, los estados pontificios eliminados. ¿Que Roma fue siempre caput mundi? Roma debe convertirse en caput Italiæ.

En Italia el nacionalismo es un producto de importación. Son, en orden cronológico, Napoleón, Palmerston y Murat quienes nos explicaron que nuestra nación debía resurgir de la esclavitud en la que yacía desde hacia tanto tiempo (desde que era católica). Durante el siglo XIX, el paladín más convencido del derecho a los estados nacionales es Inglaterra, la mayor potencia colonial. El mundo liberal impone el derecho a la nacionalidad solo a los estados católicos: en nombre del nacionalismo, Estados Unidos sustituye a España en el control de los estados hispanoamericanos nada más liberados (la famosa teoría de la “América para los americanos” sostenida en 1823 por el presidente Monroe); en nombre de la libertad y de la independencia, se busca el alejamiento de Austria de la península italiana; y también en nombre de la libertad y de la independencia se impondrá (esta vez por obra, principalmente, de Francia) la disolución del imperio austro-húngaro.

Para combatir la propaganda liberal, para aclarar mínimamente el uso de las palabras y su significado, en 1846 el jesuita Luigi Taparelli D’Azeglio (quien, hermano de Massimo y Roberto, para diferenciarse de sus engorrosos hermanos “illuminati” añadió el apellido materno al paterno) escribe un pequeño texto muy claro: Nota sulla nazionalità [Nota sobre la nacionalidad].

Frente a la simplicidad del razonamiento del historiador masón Giuseppe La Farina (1815-1863), quien en su Historia de Italia escribe que “el principio y la fuente de todo derecho es el derecho natural, del cual es parte esencial el derecho nacional” y que “la unidad nacional es exigencia de un derecho natural, y lo que la naturaleza ordenó debe respetarse”, Taparelli se pregunta: el derecho a los estados nacionales ¿está realmente basado sobre el derecho natural? ¿Se puede invocar el principio de las nacionalidades de manera absoluta, prescindiendo de cualquier otra consideración? ¿Se puede hablar de esclavitud para referirse a cualquier gobierno supranacional?

La respuesta es que no. No se puede invocar el derecho a la nacionalidad prescindiendo de la justicia y del derecho: “El auténtico y supremo interés, tanto de los pueblos como de los individuos, es siempre la observancia del derecho del orden”; “la sociedad no se hace esclava por obedecer a un príncipe extranjero, mientras éste la ordene a su bien social, conservando su ser, su lengua, sus instituciones, etc. El verdadero esclavo (…) es un hombre ordenado en su ser al bien de otro hombre, un hombre inmolado ante su igual; por lo cual una nación ordenada a su propio bien no es esclava: esclava sería si se ordenase solo al bien privado de su príncipe, o al bien de un pueblo extranjero”; “contingente, sí, es en su aplicación el término Nación, pues ¿quién no ve que las naciones son hoy día muy distintas a las que fueron? Y ¿quién asegura que no serán dentro de un siglo totalmente distintas a las que son hoy? (…) Todo es contingencia, todo eventualidad en la aplicación concreta de la idea de Nación: quitadle la constante e invariable norma del Derecho, y reduciréis todo orden público a tambalearse perpetuamente sobre las olas borrascosas de la historia”.

En Cataluña, hoy, una minoría de ciudadanos quiere la república. Una minoría violenta que explícitamente se remite al comunismo y a la República española de 1936, con el odio hacia la Iglesia que los caracteriza. Una minoría que, para imponerse, utiliza una bandera: la independencia nacional. El derecho a la autodeterminación.

Esta historia ya la hemos vivido.

Artículo que será publicado en La Nuova Bussola Quotidiana. Traducción de Carmelo López-Arias.

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Lutero

2017/09/06

Satanás ataca a la Iglesia en dos frentes: el externo con persecuciones, el interno con herejías

Carmelo López-Arias

(da "Religión en Libertad")

Angela Pellicciari es doctora en Historia Eclesiástica y profesora de Historia de la Iglesia en los serminarios Redemptoris Mater. Se ha especializado en dos fenómenos conexos: el Risorgimento que desembocó en la unidad de Italia a costa de los Estados Pontificios, y el papel de la masonería en la política contemporánea.

Angela Pellicciari

Acaba de publicar en la BAC (Biblioteca de Autores Cristianos) Una historia de la Iglesia, un libro que tiene aquella virtud que tanto valoraba el romanista y carlista Álvaro d'Ors (1915-2004): la virtud de una humilde parcialidad. Esto es, y sin merma del rigor en los datos y en su documentación, y en la justificación de cada aserto, la sinceridad de escribir amando aquella realidad de la que se escribe. La Iglesia, en este caso. Y amarla combativamente, apologéticamente, para lavar su rostro de manchas que no le corresponden.

-Dice que lo que se cuenta de la Iglesia no tiene nada que ver con lo que ha vivido en ella y con lo que conoce como historiadora… -Yo vengo del ateísmo y del 68. Cuando conocí la predicación de Kiko y Carmen [iniciadores del Camino Neocatecumenal] me di cuenta de que todo lo que sabía sobre la Iglesia era falso. Como historiadora he podido documentar que las palabras de León XIII en 1883 eran literalmente ciertas: la llamada ciencia histórica se ha convertido en una conjura contra la verdad (Saepenumero considerantes). ¡Eso no quiere decir que todos los hombres de Iglesia sean santos! Sin embargo, la mayoría de los que conozco, y son muchos, viven y mueren santamente. La de la Iglesia es una historia interminable de persecuciones, violencias, mentiras, calumnias.

-¿Alguna calumnia actual? -Un ejemplo vale por todos: se han proyectado sobre la Iglesia y sobre su historia las características islámicas. En las últimas décadas, el islam se describe como tolerante, mientras a la Iglesia se la presenta como violenta, opresora, intolerante. Se cuenta la leyenda de los cruzados movidos por el deseo de conquista, por el deseo de botín. Se han proyectado sobre los cristianos las costumbres de los musulmanes: la propaganda anticatólica, bajo la máscara de ciencia histórica, ha invertido las cartas sobre la mesa.

-En Una historia de la Iglesia pone las cosas en orden… -Estoy contenta de que mi historia de la Iglesia se publique en español, porque me enfrento una a una a las mentiras que sobre la Iglesia y sobre los católicos se han escrito y divulgado, comenzando por las lanzadas contra la historia de la católica España, y son muchas.

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-¿Cuál es la constante en esos dos mil años de ataques a la Iglesia? -La Iglesia es el Cuerpo de Cristo. Satanás odia a Cristo. Contra Él nada puede, pero sin embargo puede intentar hacer daño a los cristianos. Jesús lo dice claramente: me han perseguido a mí, os perseguirán también a vosotros (Jn 15, 20). Y es lo que puntualmente sucede. El ataque a la Iglesia tiene lugar siempre en dos frentes: el externo y el interno. Desde fuera, con la violencia de las persecuciones y el terror que desencadenan. Desde dentro, con el ataque al magisterio por medio de la herejía.

-¿Cuál es la defensa? -Contra ambos enemigos, contra los engaños del demonio, la Iglesia se ha defendido siempre con la oración, el ayuno y la limosna, buscando consuelo en el Señor. También se ha defendido con la apologética, esto es, con la directa y atenta refutación de las calumnias y de las acusaciones que a través del tiempo le han dirigido los poderes del mundo.

-¿Cómo resuelve la Iglesia su perpetua lucha contra la mundanización? -Pienso que el modo correcto de vivir es el indicado por el Evangelio. Estamos llamados a ser ciudadanos del cielo, a estar siempre en tensión hacia Dios: “Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48), “amad a vuestros enemigos, haced el bien a quienes os odian” (Lc 6, 27). A lo largo de los siglos, el Espíritu Santo siempre ha suscitado carismas que, en los diversos contextos, han encontrado el modo de hacer actual el Evangelio haciendo de los cristianos hombres celestiales.

-¿Comparte la idea de algunos historiadores de la Iglesia y del pensamiento, de que la gnosis es el fondo común a todas las herejías de todas las épocas? -Sí. En el tercer capítulo del Génesis, la Biblia cuenta cómo “el mentiroso”, el que divide y odia al género humano, Satanás, engaña a Eva con el pretexto del conocimiento. O mejor: con el pretexto de un falso amor al conocimiento que, en realidad, responde a un deseo de poder que procede de la envidia del poder por excelencia que es Dios. Si vosotros decidís lo que está bien y lo que está mal, sugiere Satanás a Eva, seréis como Dios, porque podréis, como Él, definir el bien y el mal. De esa pretensión del hombre de establecer el bien y el mal surgen las incontables violencias contra la Iglesia y todas las revoluciones y las injusticias que han llenado la tierra de violencia y de sangre.

massoneria

La hipótesis gnóstica de un conocimiento reservado y revelado solo a los iniciados está en la base de la voluntad de poder masónica y determina su estructura jerárquica.

-¿Cuál es el peor enemigo que ha tenido la Iglesia? -A mi modo de ver, el mayor daño se lo ha hecho y continúa haciéndoselo la gnosis. Y por tanto, en los tiempos modernos, la masonería, que por lo demás tiene sus raíces en la revolución protestante (basta pensar en que el autor de las constituciones masónicas es James Anderson, un pastor presbiteriano). La voluntad de poder que se esconde tras las bellas palabras de libertad e igualdad genera la destrucción de las más elementales formas de humanidad. Basta ver lo que ha pasado en la época de la revolución francesa, del liberalismo, del comunismo y del nazismo. Y lo que está sucediendo hoy (y continuará sucediendo) con la transformación en derecho, en ley, del deseo individual. De cualquier deseo individual.

-¿Qué dijo la Iglesia de la masonería? -De 1738 a 1903, esto es, de la primera condena de la masonería por Clemente XII a la muerte de León XIII, que escribe decenas de cartas contra la masonería, el papado desempeña una gran función profética: los papas ponen en evidencia los peligros, las contradicciones, el absolutismo, el cinismo, al ataque frontal a la Iglesia, el satanismo de las diversas obediencias masónicas, buscando de esta forma evitar a los reyes y a los pueblos la catástrofe de caer bajo la influencia de las sectas. Con León XIII concluye el precioso magisterio pontificio contra las sociedades secretas. Todo lo que se podía escribir y decir al respecto ya estaba dicho y escrito.

-En su libro apunta al modernismo como el gran error moderno… -Pío X condena el modernismo, que no es sino el ataque mortal a la Iglesia dirigido desde dentro (y por tanto más peligroso, al estar camuflado) en nombre de principios que son los mismos que los de las logias, comenzando por el relativismo. Esto es, la posibilidad de la evolución del magisterio, modelando la Iglesia (cuya institución es divina, esto es, perenne) según las características de la sociedad civil.

San Pio X

San Pío X retrató los errores modernistas en su encíclica Pascendi de 1907.

-¿Perdura ese error? -Hoy el ataque al magisterio lo lanzan abiertamente los mismos exponentes del clero, incluso a los máximos niveles.

-¿Qué hacer? -¿Cómo afrontar este peligro? Con el heroísmo de la fe y la plena confianza en Dios. Dicho en otros términos: con buena voluntad y la ayuda del Espíritu Santo. Y con el estudio.

-Y con el estudio como apologética, ¿con qué argumento justificaría que la Iglesia es santa y divina? -Uno por encima de todos: a pesar de las persecuciones sufridas, las torturas, las calumnias, las injusticias, las infiltraciones heréticas en su interior, la Iglesia continúa viva. En estos meses, por poner un ejemplo, miles de hermanos del Camino Neocatecumenal, hombres y mujeres, chicos y chicas, sacerdotes y seminaristas, han ido y van de dos en dos, sin dinero, sin teléfono móvil, sin nada (justo como Jesús mandaba a los apóstoles) a anunciar a todo el mundo la victoria de Cristo sobre la muerte. Un hecho heroico, bellísimo, que da testimonio de la juventud y del impulso vital de la Iglesia católica.

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El triunfo de la Iglesia, tapiz encargado a Rubens en 1625 por la archiduquesa Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II y gobernadora de los Países Bajos.

-Los enemigos caen y la Iglesia permanece… -En el Evangelio de Mateo, Jesús profetiza a Pedro que las fuerzas del infierno no prevalecerán: non praevalebunt (Mt 16, 18). El conocimiento de la historia de la Iglesia muestra cómo se ha verificado la promesa de Cristo: a pesar del horror de las persecuciones y de la multitud de los mártires en todo tiempo y lugar, los enemigos de Cristo no han prevalecido.

-¿Cuál es para usted el personaje más atractivo e interesante de la historia de la Iglesia? -Aparte de Pedro, Pablo y la Magdalena, me siento muy vinculada a Agustín, a Pío IX y al Padre Pío. ¡Pío IX, tal vez el Papa más calumniado de la historia, que ha llevado mansamente la cruz durante 32 años! Por no hablar del protagonista de nuestra época: el pontífice que a mi juicio no es grande, sino gigante: Juan Pablo II.

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Lutero

2017/08/29

La historiadora Angela Pellicciari explica las contradicciones de Lutero por el odio que lo dominaba

(da "religionenlibertad.com")

"¿Por qué Lutero teoriza ideas y sugiere acciones que están en contraste radical con los fundamentos de su doctrina? Me parece que la raíz, la razón de sus continuas contradicciones hay que buscarla en un sentimiento que lo domina: el odio".

Así lo declaró la historiadora italiana Angela Pellicciari este lunes en Avilés (Asturias), durante el curso sobre La Reforma protestante 500 años depués que se celebra de lunes a miércoles en el espacio cultural de los Cursos de La Granda.

Angela Pellicciari

Angela Pellicciari, profesora de Historia de la Iglesia, en un encuentro del pasado febrero.

Bajo la dirección de Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, el curso aborda los aspectos histórico ("Lutero y la reforma católica"), teológico ("Jesucristo, Iglesia y salvación") e interpretativo ("¿Qué reforma sigue siendo necesaria?") del protestantismo, en el año del quinto centenario de su acto fundacional: el 31 de octubre de 1517, cuando el monje agustino Martín Lutero clavó sus 95 tesis heréticas en la capilla del palacio de Wittenberg.

Pellicciari, cuya ponencia llevaba por título "Lutero y sus contradicciones" (ver abajo el texto íntegro), señaló que una consecuencia de ese odio es "pretender sustituir a Roma en lo que tiene de único, la universalidad", y eso conlleva para él "como resultado natural" su "ilimitada voluntad de poder", que lo lleva "a escribir de nuevo no solo la historia de la Iglesia, sino también toda la historia de la salvación tal como nos ha sido revelada".

La historiadora italiana, autora de Una historia de la Iglesia, publicó meses atrás un volumen expresamente dedicado a la vida y obra del fundador del protestantismo: La verdad sobre Lutero.

Lutero

En esta obra Pellicciari rescata para el conocimiento público unos documentos a los que también hizo mención en su intervención: las "desagradables" imágenes que Lutero elaboró "obsesivamente" entre 1520 y 1545 junto con su amigo el pintor y grabador Lucas Cranagh el Viejo, y que representan a Papas, cardenales, monjes y sacerdotes en posturas obscenas y escenas aberrantes de defecaciones. Los jesuitas Hartmann Grisar y Franz Heege las recopilaron "con mucho trabajo" y las publicaron a principios del siglo XX.

El odio del que esas imágenes son expresión fue guiando a Lutero por caminos aparentemente contradictorios con sus pretensiones teológicas: desde la proclamación de la libertad que desemboca en la negación antropológica del libre albedrío, a la conocida exaltación de las revueltas campesinas seguida de la peticion de que fuesen reprimidas sin misericordia por los príncipes alemanes ganados por el luteranismo.

El curso de La Granda sobre la Reforma protestante continúa hasta este miércoles y cuenta con un importante elenco de temas y participantes: "Lutero, una vida delante de Dios" (Rafael Lazcano, investigador agustino), "Lutero y sus contradicciones" (Angela Pellicciari, seminarios Redemptoris Mater), "Cisneros en Alcalá y Lutero en Wittemberg" (José María Magaz, Universidad San Dámaso), "Reforma católica, antes y después de Lutero" (José Antonio Calvo Gómez, Universidad Católica de Ávila), "Lutero en las Letras hispánicas del siglo XVI" (Jesús Menéndez Peláez, Universidad de Oviedo), "Sólo Cristo y su gracia: la declaración conjunta de 1999" (Pablo Blanco Sarto, Universidad de Navarra), "¿Y la Iglesia? La eclesialidad de la Palabra" (Santiago Madrigal Terrazas, Universidad Pontificia de Comillas en Madrid), "¿Y las obras? San Pablo y Santiago" (Juan Miguel Díaz Rodelas, Facultad de Teología de Valencia), "La sacramentalidad de la Salvación" (Raúl Orozco Ruano, Universidad San Dámaso), "Fracaso de la Reforma: cisma y 'guerras de religión'" (Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid), "Lutero, canto del gallo de la Modernidad" (Danilo Castellano, Universidad de Udine), "La eucaristía y el ecumenismo de la sangre" (Martin Steffens, Liceo Georges de la Tour de Metz), "¿Redefinición o reforma del cristianismo?" (Olegario González de Cardedal, Universidad Pontificia de Salamanca).

LUTERO Y SUS CONTRADICCIONES Lamento no poder hablar español. Siento también el no poder hablar libremente, como siempre hago, y estar obligada a leer con dificultad lo que he escrito en vuestro bello idioma.

El título de la conferencia que se me ha pedido es muy acertado: en el sentido que el pensamiento de Lutero es una constante contradicción. Lutero parte de algunos principios que después, sistemáticamente, niega.

Me he preguntado: ¿por qué? ¿Por qué Lutero teoriza ideas y sugiere acciones que están en contraste radical con los fundamentos de su doctrina?

Me parece que la raíz, la razón de sus continuas contradicciones hay que buscarla en un sentimiento que lo domina: el odio.

Odio a Roma Odio a Roma, tanto la Roma cristiana como la pagana (es suficiente ver el modelo utilizado para caracterizar el soldado ejemplar del ejército luterano: Felipe de Hesse, el bígamo Felipe de Hesse, a quien Lutero define como el “nuevo Arminio”). Odio que consigue hacer extraordinariamente eficaz gracias a las desagradables imágenes que, durante todos los años de su vida pública (del 1520 al 1545), Lutero va elaborando obsesivamente junto con su amigo Cranagh sobre papas, curas, monjes y cardenales. Xilografías que los jesuitas Grisar y Heege consiguieron recuperar con mucho trabajo y que publicaron al inicio del siglo XX (veinte) en una serie de folletos.

El odio contra Roma tiene como consecuencia pretender sustituir a Roma en lo que tiene de único: la universalidad. Comporta querer que Alemania tome el lugar ocupado por Roma durante dos mil años. Lutero separa a una parte importante de Alemania de la comunión con Roma, es decir de la universalidad cristiana, que lleva a cumplimiento la universalidad greco-romana, la cultura greco-romana. El daño al pueblo alemán, implícitamente abandonado a la soledad de su propia mitología pagana y al pensamiento gnóstico, es incalculable.

Voluntad de poder El resultado natural del odio de Lutero es su ilimitada voluntad de poder. Voluntad de poder que lo lleva a escribir de nuevo no solo la historia de la Iglesia, sino también toda la historia de la salvación tal como nos ha sido revelada.

Analicemos algunas expresiones de A los príncipes cristianos de la nación alemana de 1520, título que vuelve a evocar casi literalmente el masón Fichte en 1808 en el Discurso a la nación alemana (sirva esto como ejemplo para subrayar la importancia de Lutero a la hora de forjar la identidad de la nueva Alemania anti-romana): “Despertemos, mis queridos alemanes”, “en esta batalla no luchamos contra los hombres, sino contra el príncipe de los demonios”, “hasta ahora los papas y sus seguidores con la ayuda del diablo han podido confundir al rey”.

De esta premisa brota el imperativo dado a los príncipes para ir a la batalla contra el anticristo que está en Roma. ¿Por qué los príncipes tienen que combatir contra Roma y tomar su lugar en la guía de la Iglesia? Porque Dios, por boca de Lutero, así lo quiere: “Por ello digo: como la autoridad ha sido instituida por Dios para castigar a los malos y proteger a los buenos, se le debe dar la libertad para su función, a fin de actuar sin obstáculos dentro de todo el cuerpo de la cristiandad sin mirar a la persona, aunque caigan el Papa, los obispos, los curas, los monjes, las monjas o lo que sea”; “Deben [los príncipes] ejercer libremente su función y su obra, que tienen de Dios sobre todo el mundo, allí donde sea menester y útil desempeñarlas”, “Por tanto el poder secular cristiano ha de ejercer su función libremente y sin obstáculos”, “Debemos llegar a ser audaces y libres y no dejar que las falsas palabras del Papa mortifiquen el espíritu de libertad”.

Libertad y libre albedrío Nos encontramos de este modo con la primera gigantesca contradicción de Lutero: el monje agustino usa como un mantra la palabra libertad, pero ¿qué entiende por libertad? Entiende sólo y exclusivamente la libertad respecto a Roma. Una libertad además que vale para los príncipes y sólo para los príncipes. Libertad que comporta un totalitarismo desconocido en el ámbito cristiano: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22, 21) se convierte en dad al César lo que es del César y dadle también lo que es de Dios. Dad al César tanto el poder temporal como el poder espiritual. De un plumazo Lutero borra las interminables batallas libradas por el poder espiritual para ser autónomo respecto a la autoridad temporal. La libertas Ecclesiae que la Iglesia ha reivindicado y defendido durante quince siglos, incluso con la sangre, es así destruida.

Las revueltas campesinas Cuando el odio hacia Roma –y la santificación de la revolución que comporta– inducen a caballeros y campesinos a rebelarse contra los príncipes para participar también ellos en la repartición de los bienes de la Iglesia, que Lutero ha asignado sólo a los príncipes (un tercio de la riqueza nacional alemana está en manos de la Iglesia…), Lutero invita a combatir a los campesinos sin piedad (1525, Contra las hordas ladronas y asesinas de los campesinos). ¿Por qué? Porque han robado y saqueado “con impiedad conventos y castillos que no eran suyos”; han cubierto “con el Evangelio sus crímenes” y querían “convertir en propiedad común los bienes de los demás, sin dejar de tener los suyos”. En la práctica, porque han hecho las mismas cosas que Lutero ha teorizado para los príncipes.

¿Con qué argumentación justifica el monje agustino un uso tan desvergonzado de dos varas de medir? Con la siguiente consideración: “El bautismo no hace comunes el cuerpo y los bienes, sino sólo el alma” ya que “Cristo pone cuerpo y bienes bajo el emperador y la ley secular”: la obediencia que Lutero reclama al poder temporal independientemente de cualquier valoración de méritos, exigida además en nombre de Dios, llega a niveles de despotismo que pueden parecer inhumanos.

Gnosticismo Niveles que descansan sobre la distinción-contraposición de alma y cuerpo que tiene en cuenta la posible existencia de un hombre dividido en dos, dividido entre el espíritu, que se considera libre, y el cuerpo, considerado como un esclavo. Por otro lado, ya en el 1520, en La libertad cristiana, Lutero había teorizado sorprendentemente la coexistencia de dos naturalezas en el hombre: “Todo cristiano posee una naturaleza espiritual y otra corporal”. En estas afirmaciones parece que Lutero comparta la visión gnóstica del hombre, que desprecia el cuerpo y exalta el espíritu (que se supone que culmina en los príncipes: Hegel no está lejos). Concepción radicalmente antitética a la revelación bíblica: “Y todo estaba muy bien”.

Predestinación El odio a Roma comporta la negación del sacramento del Orden, la anulación del magisterio, la revisión de los novissimi: ¡los hombres no son libres! Pero si no son libres no pueden realizar ninguna obra buena. Por tanto, Dios no los premia con el paraíso y no los castiga con el infierno, sino que es Dios mismo el que, desde la eternidad, con una doble predestinación, destina a unos a la felicidad eterna y a otros al sufrimiento eterno.

Cuando Lutero, en polémica con Roma, afirme ‘Sólo Escritura’, en nombre de esta ‘Sólo Escritura’ negará toda la visión de Dios mostrada por la Sagrada Escritura: toda la Biblia niega que la voluntad del hombre sea esclava (desde la alianza de Moisés hasta la de Josué, el hombre es presentado siempre como libre de escoger entre la vida y la muerte, el bien o el mal), como niega también la terrible visión de un Dios que cree a alguien sólo para enviarlo al infierno (el Dios bíblico es Padre, esposo, amante de la vida y de su criatura hasta promover su rescate con la muerte de su único hijo).

Libre examen Son numerosísimas las contradicciones entre la ‘Sólo Escritura’ y la Escritura, comenzando por la que se refiere al ‘libre examen’ que Lutero reivindica mientras que San Pedro lo niega expresamente en su Segunda carta (“Sabiendo, sobre todo, lo siguiente, que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia, pues nunca fue proferida profecía alguna por voluntad humana, sino que, movidos por el Espíritu Santo, hablaron los hombres de parte de Dios”). Del ‘libre examen’ derivará un sectarismo extremo (un caso límite será el del sastre de Leiden), para canalizarlo Lutero impondrá en el 1535 a todos los pastores que salen de la facultad de Wittenberg el juramento de seguir la doctrina que se enseña en la universidad local, la llamada “Iglesia Católica de Cristo” (en las Charlas de sobremesa, Lutero dice: “El que desprecia la escuela de Wittenberg es un hereje y un mal hombre, porque Dios ha revelado su Palabra en esta escuela”). Diez años antes, en 1525, Lutero había teorizado justo lo contrario: “Las autoridades no pueden impedir que cada uno enseñe y crea lo que quiera”.

Apología de la mentira El Jesús que Lutero ama no repudia la mentira, al contrario, en algunos casos la santifica. Cuando se viene a saber que el segundo matrimonio de Felipe de Hesse, todavía en vida de la primera mujer, es celebrado en presencia de Melanchton, y que también Lutero había pretendido dar su consentimiento, como el escándalo suscitado es enorme, el “Moisés alemán” no tiene dudas: hay que negarlo todo: “Decir una mentira necesaria, útil y que te ayuda, no va en contra de Dios, al contrario, Él la acoge voluntariamente sobre sí”. Y: “Ella [la mentira] es una virtud si su objetivo es alcanzar un fin que resista a la malicia del demonio y salve el honor, la vida, el beneficio para el prójimo”.

El matrimonio para Lutero no es un sacramento, tampoco se pueden emitir los votos religiosos, al menos para siempre, (“Yo hago un voto de castidad hasta que pueda, pero si no puedo mantenerlo, que se me permita casarme”, De votis monasticis iudicium, 1522): dado que no somos libres, nuestras elecciones no pueden ser absolutas, hechas en vista del cielo. La Iglesia católica, por el contrario, siempre ha afirmado que no sólo es posible, sino también necesario escoger y elegir «para siempre» confiando en la libertad de la voluntad humana y la ayuda que Dios da a los que invocan su misericordia. Esto es cierto en todos los estados de vida, sea sacerdotal, religioso o matrimonial.

Antisemitismo Una última, dramática, consideración: a pesar de la proclamada ‘Sólo Escritura’ Lutero no reconoce el valor, no sólo de la Carta de Santiago que trata de la necesidad de las obras, sino también de la misma Carta a los Romanos: basta con ver los “consejos saludables” que Lutero da a los príncipes con respecto a los hebreos:

Cito tres de los siete que da:

primero: “Lo que es útil es quemar todas sus sinagogas, y si alguna ruina se salva del incendio, hay que cubrirla con arena y barro, para que nadie pueda ver ni siquiera una piedra o una teja de esa construcción”;

segundo: “Sean destruidos y devastados también sus hogares. De hecho, las mismas cosas que ellos hacen en las sinagogas, también las hacen en las casas”;

séptimo: “Sea impuesto el trabajo duro a los judíos jóvenes y fuertes, hombres y mujeres, para que ganen el pan con el sudor de su frente”. La referencia a Lutero y a su séptimo consejo en la puerta de entrada de Auschwitz es evidente.

Las contradicciones innumerables en las que Lutero se debate tienen su origen en haber separado la libertad de la verdad.

Dos siglos más tarde los frutos del relativismo absolutista considerado como libertad, serán recogidos por la masonería, cuyas constituciones fueron escritas por el pastor presbiteriano James Anderson.

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Roma

2017/07/03

Multiculturalismo y masonería

«los islamistas no quieren convivir, quieren dominar. En nombre de Alá. Y, hay que reconocerlo, tienen razón. Hacen bien en desenmascarar el buenismo de nuestra ingenuidad multicultural.»

(da "www.religionenlibertad.com")

Hace algunas décadas, estando en la peluquería, me puse a hojear una revista en papel cuché donde se exaltaba la belleza del multiculturalismo tipo neoyorquino, cuya difusión se deseaba para todos los rincones de la tierra. Era la primera vez que veía afirmado como bueno semejante estilo de vida y me costó entenderlo. Se me escapaban los términos del discurso. Me quedé como en un limbo donde no comprendía en qué consistía la gracia de poner a lado, una junto a otra, todas en el mismo plano, diferentes culturas, religiones, convicciones. Estaba ingenuamente habituada a pensar de otra manera.

Con el tiempo, me he hecho mayor. Desde entonces hasta hoy, aparte un pequeño número de personas (periodistas, intelectuales, sacerdotes), nadie ha defendido nuestra cultura, nuestra religión, nuestra tradición como la mejor de todas. Nadie salvo, en alguna ocasión solitaria, Silvio Berlusconi. Naturalmente, recibido por la burla general. Había hablado el impresentable, el asilvestrado, el tonto del pueblo.

Hoy algunos comienzan, paso a paso para no hacer demasiado ruido y para no tener que practicar abiertamente la autocrítica, a dar marcha atrás. Enough is enough [¡Ya está bien!], planteó Theresa May. Hoy ya lo escriben varios: el multiculturalismo ha dado al islam la posibilidad de crear oasis protegidos de los que partir para sembrar el terror y subyugar a las sociedades abiertas y tolerantes, dispuestas a aceptarlo todo. Y de hecho, en nombre de la igualdad y de la equivalencia entre todas las opciones de vida, se ha permitido que se constituyan en Europa enclaves islámicos en los que rige la sharia, a menudo la poligamia, en los que cincuenta mil jóvenes han sido “purificadas” con mutilaciones genitales, en donde se practica la concertación de matrimonios con niñas o el asesinato de quienes se convierten. En Gran Bretaña, pero no solo allí, se ha llegado a permitir una red que durante años organizó la sodomización de jóvenes por parte de paquistaníes ricos. Red que la policía, al corriente del negocio, se cuidó muy bien de desmantelar para no arriesgarse a ser acusada de racismo islamófobo.

En nombre del multiculturalismo hemos aceptado estilos de vida bárbaros de los que nuestra cultura cristiana nos había liberado hace casi dos mil años.

La cuestión ahora es: ¿de qué fuente, de qué inspiración surgió y penetró en Occidente, por Estados Unidos y Gran Bretaña y desde allí un poco por todas partes, la convicción de que todas las religiones y culturas son equivalentes? ¿Quién la ha publicitado como la mejor de las opciones de civilización (expresión repetida como un mantra)?

En 1723 el pastor presbiteriano James Anderson escribe las Constituciones de los francmasones y especifica que “la masonería se convierte en el Centro de Unión, en el medio para conciliar una sincera amistad entre personas que de otra forma habrían estado distantes siempre”.

Gran Bretaña se prepara para gobernar un imperio tan grande como el mundo, extendido por todos los continentes. ¿Qué mantiene unido el imperio, como pegamento ideológico entre tradiciones y religiones muy diferentes, una vez excluida la evangelización, una vez excluida la fe? Si no hay una fe compartida, ¿qué une a la madre patria con las colonias? ¿Qué es lo que las hace compatibles? En ausencia de un mínimo común denominador religioso, se impone la necesidad de encontrar un mínimo común denominador de tipo cultural, y no hay duda de que el mundo de las logias tenía dispuesto un sólido denominador común de tipo cultural.

Cuando se habla de logias se habla de diversas “obediencias”, y de hecho en su interior rige la práctica de una férrea obediencia jurada. Cuando, por alguna razón, la obediencia decae, cuando no se consigue controlar una parte relevante de la población mundial y cuando ésta pone en peligro la convivencia de todos, entonces “enough is enough”.

Como estamos aprendiendo, los islamistas no quieren convivir, quieren dominar. En nombre de Alá. Y, hay que reconocerlo, tienen razón. Hacen bien en desenmascarar el buenismo de nuestra ingenuidad multicultural. Veremos cómo acaba.

Publicado en La Verità bajo el título "Marcia indietro fratelli". Tomado del blog de la autora. Traducción de Carmelo López-Arias.

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Primato di Pietro

2016/12/15

Ángela Pellicciari: ‘Lutero bendijo la creación de un poder absoluto’

(da "infovaticana.com")

La autora del libro ‘La verdad sobre Lutero’ desmiente los mitos creados en torno a la figura del artífice de la Reforma, analiza sus verdaderas motivaciones y las consecuencias de su rebelión contra Roma.

El 31 de octubre de 1517, el monje agustino Martín Lutero se rebeló contra la Iglesia clavando sus 95 tesis en la puerta del castillo de Wittenberg. Esta rebelión supuso el inicio de una Reforma que dividió a la Iglesia e hizo perder a Europa su unidad religiosa.

Quinientos años después de estos acontecimientos y con motivo de la publicación de su libro La verdad sobre Lutero editado por Voz de Papel, la historiadora italiana Ángela Pellicciari analiza las verdaderas motivaciones del artífice de la Reforma, sus contradicciones y las consecuencias de su rebelión.

¿Cuál era la situación de la Iglesia en el momento en el que se produjo la Reforma?

Después del Cisma de Occidente, la Iglesia necesitaba una reforma. Existía lo que se conocía como fiscalismo y “commenda”, que exigía a la persona a la que se le encargaba un oficio anticipar la ganancia de un año del beneficio adjunto. Si alguien era nombrado párroco, por ejemplo, tenía que adelantar los beneficios de un año de ese cargo. En estas circunstancias, está claro que llega a ser obispo, cardenal, arzobispo o párroco el que dispone de los recursos financieros necesarios.

Asimismo, algunos obispos y sacerdotes se convierten en titulares encargados de decenas -a veces cientos- de diócesis y de parroquias. De esta forma, un obispo podía serlo de doscientas diócesis si era rico y le podía anticipar al Papa los beneficios de un año de todas estas diócesis.

El fiscalismo y la commenda se asocian con la inmoralidad, el absentismo y la falta de espíritu misionero. La Iglesia debía reformarse y en algunos lugares se reformó. En España, empieza la reforma de la Iglesia con el matrimonio de los Reyes Católicos. En España e Italia se hace esta reforma de la Iglesia.

¿Cuáles eran las motivaciones que llevaron a Lutero a rebelarse contra Roma?

El orgullo. Lutero era un hombre dominado por el odio que desmanteló la Iglesia para construirse a sí mismo, para presentarse como el gran reformador. Hablaba como si fuera el auténtico intérprete de Jesucristo, se consideraba a sí mismo un alter Christus, y presentaba al Papa como el anticristo. Negó la existencia del sacerdocio como sacramento y desmanteló el sacramento del matrimonio, así como las órdenes religiosas.

Lutero se erige como juez incontestable y cree que él tiene que decidir a quién le compete la autoridad dentro de la Iglesia. Dice que ya no pertenece al clero porque se ha vuelto indigno. Eliminado el clero, ¿quién va a gobernar la Iglesia alemana? Él dice que la voluntad de Dios es que la gobiernen los príncipes, porque los príncipes han sido elegidos por Dios.

El monje agustino borra las interminables batallas libradas por el poder espiritual para ser autónomo de la autoridad temporal. Él le da la autoridad dentro de la Iglesia a los príncipes en nombre de la libertad.

¿En qué consiste realmente esa libertad de la que habla Lutero?

Es la libertad respecto a Roma, porque Lutero estaba a favor de un absolutismo total. Lutero es quien autoriza y bendice la creación de un poder absoluto, un poder que combina los aspectos temporales y espirituales. En Alemania había un totalitarismo absoluto, ya que los príncipes tenían el poder político y el poder espiritual. Jesús decía “Dad al César lo que es del César”. Lutero, sin embargo, hace lo contrario: da al César lo que es del César pero también lo que es de Dios. Con Lutero comenzó el absolutismo moderno y el individualismo moderno. Él siempre hablaba de libertad, pero consideraba que el hombre no tenía libre albedrío.

¿Cuál es la relación entre la Reforma de Lutero y el nacionalismo?

Es una relación muy fuerte. Lutero detesta a Roma. Llama a la revuelta, a la guerra, a la rebelión, a la revolución contra Roma. Lutero ha pasado a la historia como el padre de la identidad alemana, de la lengua y el espíritu alemán. Su espíritu de fondo es el nacionalismo alemán contra Roma, porque hasta entonces Alemania era un Imperio unido al Papa. Lutero separa a Alemania de la comunión con Roma, traduce la Biblia al alemán y se convierte en el “profeta de Alemania”. Pretende quitar las raíces romanas del Imperio. Roma significa no solo Roma, sino también la tradición greco-romana y Lutero rompió con las raíces filosóficas griegas y romanas. El daño al pueblo alemán es incalculable, implícitamente abandonado a la soledad de su propia mitología pagana y el extremismo sectario.

El estudio de las fuentes, la vuelta a la Escritura y a los Padres, la crítica de la escolástica, el ataque a la fe supersticiosa y a las mil formas de religiosidad popular, en una palabra, el humanismo en Alemania se colorea de nacionalismo. La literatura en lengua alemana nace antirromana y el Dante local se llama Lutero.

¿Detrás de la Reforma había una lucha de poder?

Sí, había una lucha de poder. Los príncipes siguen a Lutero para obtener riquezas. La Iglesia en Alemania contaba a principios del siglo XVI con un tercio del patrimonio inmobiliario nacional y esos bienes Lutero se los ofrece a los príncipes. Las consecuencias de la política de Lutero han sido desastrosas. La mayor revolución del segundo milenio. Ha dado instrumentos a los enemigos de la Iglesia para atacar a la Iglesia desde dentro. Era un hombre dominado por el odio, odio contra la Iglesia romana, odio contra los judíos.

¿Por qué ese ataque de Lutero a los judíos?

Porque él en un principio pensaba que los judíos se convertirían, porque el suyo era “el verdadero evangelio”. Al comienzo de su vida pública, Lutero no tiene ni mucho menos una actitud hostil hacia los judíos. Cuando los judíos se niegan a convertirse al “evangelio puro luterano”, les desprecia y hace un llamamiento a devastar sus hogares, quemar sus sinagogas, privarles de sus libros de oraciones o negar a los rabinos bajo pena de muerte la tarea de enseñar.

¿Por qué la Reforma no se extiende en España? ¿Cuál fue el papel de la Corona española?

Porque España e Italia reformaron la Iglesia, había ejemplos de obispos, sacerdotes y religiosos buenos. El papel de la Corona española fue muy fuerte. España estaba atacada por todas partes porque había permanecido católica.

¿Cómo influyó la propaganda en la difusión de las ideas de Lutero?

Los revolucionarios de todos los tiempos tienen en común un lenguaje: sencillo, claro, popular, lapidario. Un lenguaje que se corresponde con las necesidades de la propaganda, fácil de repetir, que se abre paso y se impone con la fuerza de las imágenes. Lutero, el gran revolucionario de los tiempos modernos, no es una excepción. Era un genio de la propaganda e hizo una campaña muy bien orquestada. Desde los primeros años, Lutero utiliza imágenes blasfemas para despertar el odio, y con el odio el desprecio, y con el desprecio la burla a la Iglesia romana. Lutero quería una iglesia “pura”, sin imágenes. Decía que el culto debía purificarse y de hecho destruyó las imágenes sagradas. Pero era un hombre inteligente y conocía el poder de la imagen y creó, por tanto, sus propias imágenes.

Intentó convencer al pueblo alemán de que el Papa era el anticristo. No se trataba de hacer discutir a los sabios, sino de convencer al pueblo para entrar en batalla. Creó nueve dibujos que él quería que todos los jóvenes alemanes tuvieran en casa en los que se atacaba al Papa. Los folletos que difundía tenían títulos tan claros como subversivos y falsos, acompañados por repulsivas imágenes de caricaturas que harán escuela con los jacobinos franceses. El ataque a Roma es violento, llevado a cabo con los métodos de la retórica y la propaganda, empezando por la calumnia.

¿Cuáles han sido, en su opinión, las principales consecuencias de la Reforma?

Lutero dividió a la Iglesia en nombre de la verdadera Iglesia. Es un ataque a la Iglesia desde dentro, el peor que puede existir. Lutero desmanteló la Iglesia. Con el libre examen, cada uno se relaciona directamente con Dios, cada uno lee la Biblia y la interpreta a su manera, confiando en la ayuda del Espíritu Santo. Elimina la función del magisterio y niega el orden sacerdotal. Tampoco existe el sacramento del matrimonio, y, por tanto, éste no es indisoluble. Lutero está, asimismo, en la base del relativismo moderno, del subjetivismo moderno, de la duplicidad moderna: en nombre de la libertad crea un absolutismo total.

Estamos ante la articulación fundamental de la modernidad. Ante las contradicciones irreconciliables de la modernidad que, separando la libertad de la verdad, exige y reclama solo respetar los dictados de la conciencia individual. Pío XII resume el drama de la apostasía de Occidente que comienza con el protestantismo, continúa con la Ilustración y llega al ateísmo: “Cristo sí, Iglesia no. Después: Dios sí, Cristo no. Finalmente el grito impío: Dios ha muerto; es más, Dios nunca ha existido”.

El testamento de Lutero fue recogido y divulgado por el pensamiento gnóstico, jacobino y liberal-masónico, dominado por el odio y por la guerra contra la Iglesia católica. Y en nombre de la santidad de este odio, no sólo la ciencia histórica se ha transformado en una conspiración contra la verdad, sino que se han derramado ríos de sangre.

¿Cuál es la herencia que ha recibido la sociedad actual del artífice de la Reforma?

El relativismo, el individualismo y el pensamiento gnóstico, por ejemplo, son frutos de las semillas plantadas por Lutero.

500 años después, cuando en todo el mundo se celebran actos de conmemoración del quinto centenerio de la Reforma protestante, ¿se ha olvidado el daño que causaron a la Iglesia las acciones de Lutero?

¿Cómo ataca Satanás a la Iglesia? Desde fuera con la persecución y desde dentro con la herejía. Yo creo que hoy hay un ataque herético muy fuerte. Se puede hablar de Lutero como de un reformador cuando lo que es su reforma es un ataque dentro de la Iglesia. Esto es un ataque modernista. ¿Qué quería el modernismo? Uno de los mayores exponentes del modernismo en Italia decía: hay que transformar la Iglesia en una Iglesia protestante pero no de forma violenta sino poco a poco.

¿Qué visión tenía Lutero del hombre y la naturaleza humana?

Tenía una visión del hombre terrible. El hombre tiene una voluntad esclava. En su opinión, el hombre es como un caballo montado por dos jinetes: si se sienta encima Dios, quiere lo que Dios quiere, si se sienta encima Satanás, quiere y va en la dirección que Satanás le indica. El hombre no es responsable de sus acciones, así que no puede haber para él ninguna recompensa o condena. Esto implica la doble predestinación, porque, si yo soy esclavo, no puedo hacer obras buenas, porque todo lo que hago no viene de mí, viene de quien me maneja. Entonces, ¿cómo sé si voy al cielo o al infierno?

Él dice que Dios crea a algunos hombres destinados al infierno y a otros destinados al paraíso. Si esto es así, entonces Dios sería un monstruo que crea a algunas personas solo para hundirlas en el infierno. Sin embargo, en la Biblia se dice que Dios es Padre y que da la vida de su Hijo por los hombres. Entonces, ¿por qué habría de crear a un hombre para enviarlo al infierno?

Su libro se titula La verdad sobre Lutero, ¿qué grandes mitos se han creado en torno a su figura?

Que era un hombre muy moderno que defendía la idea de la libertad y la igualdad. La libertad es la libertad respecto a Roma porque el hombre no tiene libre albedrío, es esclavo. Lutero no era ningún profeta de la libertad. Además, en Lutero la desigualdad entre los hombres es tan radical que se convierte en metafísica: algunos son creados para la salvación, otros para la condenación.

¿Y cuáles fueron sus contradicciones?

Lutero es el hombre de la paradoja. Lutero decía una cosa y hacía la contraria. Siempre. Hizo todo lo contrario a lo que dijo Jesús. Lutero exalta la mentira y la defiende cuando el fin es bueno. Transforma las cosas según su conveniencia.

El Papa Francisco viajará a Suecia para participar en un encuentro ecuménico católico-protestante con motivo del quinto centenario de la Reforma. ¿Cómo valora la actual relación de la Iglesia católica con los luteranos?

Yo espero que los luteranos vuelvan a casa como están haciendo los anglicanos. La verdad está con Pedro. Esperemos que los protestantes conozcan a Lutero y vuelvan a casa.

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Lutero

2016/10/26

Entrevista a la historiadora Ángela Pellicciari

«Lutero fue el precursor del iluminismo, el comunismo, la secularización y el nazismo»

(da "alfayomega.es")

Entrevista a la historiadora Ángela Pellicciari «Lutero fue el precursor del iluminismo, el comunismo, la secularización y el nazismo» « La avidez por el dinero está desde el inicio en el problema que generó Lutero. Esta envidia y deseo de dinero generarán después la Revolución Francesa y la Revolución de Octubre, y ya en nuestros días la revolución de la ideología de género», afirma la historiadora Ángela Pellicciari, autora de La verdad sobre Lutero (Voz de Papel)

Usted afirma que no se puede comprender a Lutero sin conocer su contexto histórico…

La historia de la corrupción es siempre la misma. En el siglo XIV, la Iglesia debía ser reformada, después de Avignon y del Cisma de Occidente. Italia y España ya habían comenzado esta reforma, y por eso la influencia de Lutero no llega a estos países, porque la vida de la Iglesia era sana. En Alemania la cosa era distinta; Lutero tuvo éxito porque era una persona sin escrúpulos, y porque otorga a los príncipes un poder absoluto, tanto en el plano temporal como en el espiritual. Para él, el Orden no es un sacramento, por lo que sacerdotes y obispos no deberían existir; y si no deben existir, entonces todas sus propiedades, ¿a quién deben ir a parar? Lutero lo tiene claro: a los príncipes alemanes. Así se hicieron con lo que entonces era un tercio de los bienes y propiedades de la Iglesia católica en la Alemania de aquel tiempo. Y esto lo justifica diciendo que es la voluntad de Dios. De eso se valieron los príncipes alemanes para arrebatar a la Iglesia todos sus bienes.

¿Entonces los príncipes alemanes utilizaron a Lutero como herramienta para alcanzar más poder y dinero?

Así es. La Iglesia siempre ha combatido el poder absoluto. Hasta el martirio incluso; en el Imperio Romano miles de mártires dieron su vida porque se negaron a dar al César lo que es de Dios. Lutero, en cambio, dio al César lo que es del César, ¡y también lo que es de Dios!

La avidez por el dinero está desde el inicio en el problema que generó Lutero. Esta envidia y deseo de dinero generarán después la Revolución Francesa y la Revolución de Octubre, y ya en nuestros días la revolución de la ideología de género. Lutero es el primer revolucionario de la historia. No es un reformador, es un revolucionario.

Menciona usted en el libro que Lutero tenía un problema con sus pecados, y que desesperaba de la misericordia de Dios. ¿De ahí surgió todo?

Yo me ocupo de los hechos históricos, no de psicología, aunque es indudable que Lutero fue una persona perturbada y un narcisista. Por ejemplo, él estaba convencido de ser el verdadero intérprete de Cristo, el único que podía anunciar el Evangelio puro.

Además, dice que tenía un odio visceral hacia los judíos.

Habla de ellos como «el odioso y maldito pueblo judío», y en “Sobre los judíos y sus mentiras” pide «imponer el trabajo duro a los judíos para que ganen el pan con el sudor de su frente». Es el precursor del Arbeit macht frei (El trabajo os hará libres), la frase que daba la bienvenida a los judíos en los campos de concentración nazis. El nacionalsocialismo tenía a Lutero como padre. De hecho, en la Alemania de los años 30 las zonas protestantes fueron mucho más favorables a Hitler que las zonas católicas. Lutero era un hombre dominado por el odio, contra los judíos y contra el Papa de Roma.

Pero Lutero no convenció al pueblo…

Los príncipes alemanes lo utilizaron para independizarse de Roma y obtener poder y dinero. Y por el Cuius regio, eius religio, las ideas de Lutero se impusieron en Alemania. Por la fuerza, porque cuando los campesinos se rebelaron contra los príncipes para recuperar derechos y costumbres medievales, Lutero se puso del lado de los príncipes y justificó el derramamiento de sangre que acabó la vida de 100.000 agricultores.

¿Entonces a lo que da pie Lutero es una revolución política?

Él no es un reformador, es un revolucionario dominado por el odio. Él destruyó la sociedad de su tiempo, además. Estableció una relación directa entre el individuo y Dios, privando a la persona de la comunidad. En la interioridad de nuestra propia conciencia uno puede hacer decir a Dios cualquier cosa que se le ocurra. Destruye la verdad teológica, una verdad que acabaron buscando los gnósticos, y luego los filósofos, primero sin la Revelación y después contra la Revelación. Para ser libres, como quería él. Porque él entendía la libertad como libertad de Roma, pero en cambio se sometía al príncipe de turno. Cambia un señor por otro. Spinoza y Locke tomarían como base esta idea de la libertad para fundar una filosofía iluminada solo por la razón, independiente de la verdad teológica, algo que confluiría más tarde en la masonería.

¿Es el precursor entonces del proceso de secularización que vendría después?

Sin duda. Y es el fundador de la gnosis. Da una fuerza enorme a la gnosis. De él viene el concepto de libertad moderna. Él entendía la libertad como libertad de Roma; los ilustrados, de la razón; la Revolución Francesa, de Dios; la revolución comunista de Dios y del poder; y la ideología de género, del cuerpo. Es él el que comenzó con este proceso, al destruir los vínculos comunitarios.

Es importante decir también que el concepto de libertad en Lutero es, paradójicamente, el de una libertad esclava. El hombre hace lo que Dios le obliga a hacer, o lo que el diablo le obliga a hacer. ¿Cómo se puede hablar tanto de libertad cuando uno es un esclavo? Es un pesimista sobre el hombre, y concibe a Dios como un monstruo.

¿Cree que hay algún elemento de «protestantización» hoy entre los católicos?

Por supuesto, basta con observar cómo cada uno interpreta a su modo el Magisterio de la Iglesia. Es una cosa muy seria, que llevan a cabo laicos, sacerdotes y obispos.

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

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Lutero

2016/10/25

Un oportuno libro sobre Lutero

Jorge Soley

(da "infocatolica.com")

La verdad sobre Lutero

Ahora que, a finales de mes, recordaremos el quinto centenario de la rebelión de Martín Lutero contra la Iglesia católica, con su acto de clavar sus 95 tesis en la puerta del Palacio de Wittenberg, el libro de la historiadora Angela Pellicciari, La verdad sobre Lutero, publicado por Voz de Papel, es oportunísimo.

Estos días vamos a oír de todo: verdades, medias verdades, falsedades y bastantes tonterías. Por eso me parece que era necesario un libro que nos aclare bien lo que sucedió y el impacto, que ni el mismo Lutero previó, de la rebelión protestante. Existen, claro está, estudios clásicos sobre el Protestantismo, pero era conveniente disponer de un libro de poco más de 150 páginas, de lectura fácil y asequible. No estamos, pues, ante un sesudo análisis histórico-teológico, sino ante un libro de divulgación que se lee con gran interés, escrito en forma de capítulos breves, y que si no es una obra académica, sí mantiene el rigor al que Pellicciari nos tiene acostumbrados.

El libro se abre contextualizando la época, pues como bien sabe la autora, la historia es un continuo donde nada surge ex nihilo. No ahorra Pellicciari valoraciones negativas a los vicios eclesiásticos previos al protestantismo, cuyo auge atribuye en gran parte a las consecuencias catastróficas del Cisma de Occidente. Por decirlo de manera simple: sin Papas en Aviñón, y todo lo que ello comportó, es probable que no hubiera habido heresiarcas en Wittenberg. Y señala también algo que, a mi juicio, es importante: en los lugares donde se atajaron con mano firme los abusos y se produjo una reforma católica como en España, el protestantismo no encontró terreno en el que cuajar.

Así llegamos a Lutero, de quien la autora nos presenta su carácter, atormentado, violento, pasional, soberbio, y su itinerario espiritual. Con acierto, se recogen fragmentos de sus escritos, como aquel en el que el fraile agustino confiesa que “No le amaba, sino que cada vez aborrecía más al Dios justo, castigador de pecadores. Contra este adiós me indignaba, alimentando en secreto, si no una blasfemia, sí al menos una violenta murmuración“. Su afirmación de que “Es falso decir que la voluntad es libre de decidir entre el bien y el mal. La voluntad no es libre, es esclava“, quebrará con 1500 años de cristiandad y abrirá la puerta a un nuevo mundo de consecuencias imprevisibles y aterradoras.

Estas consecuencias, que estallaron con inusitada rapidez, son repasadas también por Pellicciari, empezando por la entrega de Lutero al poder político, como único garante del orden que previamente ha hecho saltar por los aires, de la potestad suprema, también en materia de religión. Ante el caos que e estalla en las manos, Lutero opta por dar al César lo que es del César y también lo que es Dios, dando lugar a la aparición de ese concepto tan poco cristiano de las iglesias nacionales y, en esta senda, el Estado moderno y sus totalitarias querencias. Todas las contradicciones aflorarán en las revueltas campesinas, iniciadas reivindicando el nombre de Lutero y que éste acabará por condenar violentamente.

Como también contradictorio será que el gran defensor de la libre interpretación de las Escrituras, cuando descubra adónde lleva su principio, no tenga empacho en proclamar que “El que desprecia la escuela de Wittenberg es un hereje y un mal hombre, porque Dios ha revelado su Palabra en esta escuela“. El Papa era el Anticristo, por supuesto, y Lutero el nuevo guía infalible de los cristianos. No es su único punto débil. Su recurso a la mentira en el caso de la bigamia de Felipe de Hesse, justificada porque es por un bien y, en cualquier caso, ya hemos sido predestinados a la salvación (o a la condenación) con independencia de nuestros actos, es un ejemplo palmario de la pendiente por la que lleva el error. Su afirmación de que “Decir una mentira necesaria, útil y que te ayuda, no va en contra de Dios, al contrario, Él la acoge voluntariamente sobre sí“, es de antología y desmonta muchos discursos buenistas que pretenden presentarnos a Lutero como un alma honesta y profundamente religiosa.

Se podrían destacar muchas cosas de este jugoso libro, como el papel determinante de Lutero en el emerger de un nacionalismo alemán agresivo y antilatino. Señalaré para acabar la interesante reflexión de Pellicciari sobre el verdadero carácter de las conocidas como guerras de religión que asolaron Europa entre 1517 y 1648; escribe la historiadora: “tienen poco de religiosas y mucho de lucha desenfrenada por la apropiación de las riquezas donadas a la Iglesia católica durante siglos“.

Ya ven, frente a discursos que nos van a decir que en el fondo todos somos buenos, libros como éste son indispensables para poder tener criterio bien formado y entender de dónde vienen algunos de los males que se han ido manifestando en estos cinco siglos desde que Lutero quebró la Cristiandad.

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Lutero

2016/10/27

500 años después de las 95 tesis de Lutero seguimos pagando su factura

Jorge Soley

De la lectura del libro de Pellicciari, y sin pretender agotarlo, se desprenden algunas consecuencias que muestran que el legado de Lutero está muy presente en nuestro mundo.

(da "Actuall.com")

La verdad sobre Lutero

El 31 de octubre de 2017 se cumplen quinientos años de un hecho trascendental: el monje agustino Martín Lutero, según la versión de su amigo Felipe Melanchton, clavaba sus 95 tesis en la puerta de la iglesia del Palacio de Wittenberg. Era el gesto que simbolizaba la abierta rebelión de Lutero frente a Roma, el nacimiento del protestantismo y la quiebra de la Cristiandad.

Historias del pasado, dirán algunos, muy alejadas de los problemas actuales y que tienen un interés limitado que se circunscribe a los aficionados a la historia y a los aún más raros aficionados a la teología. Un asunto, pues, curioso pero relevante solo para unos pocos aficionados excéntricos.

¿De verdad es así? Se acaba de publicar en España un libro de la historiadora italiana Angela Pellicciari, titulado La verdad sobre Lutero, que muestra la falsedad del argumento que acabamos de exponer. El libro, en sus poco más de 150 páginas, combina amenidad con rigor y plantea importantes cuestiones que nos obligan a reflexionar sobre el origen de muchos de los problemas que, con exceso de superficialidad, consideramos “actuales” y que, sin embargo, hunden sus raíces en un pasado cuyos efectos ahora podemos ver en toda su crudeza. Una crudeza que aterrorizaría al mismo Lutero, aprendiz de brujo que desencadenó algunas fuerzas que ya no pudo controlar, ni siquiera en vida.

De la lectura del libro de Pellicciari, y sin pretender agotarlo, se desprenden algunas consecuencias que muestran que el legado de Lutero está muy presente en nuestro mundo:

¿Cuántas veces hemos oído eso tan moderno de que no somos responsables de nuestros actos?

Nadie es responsable de nada: ¿cuántas veces hemos oído eso tan moderno de que no somos responsables de nuestros actos, siempre condicionados por la sociedad, el entorno, los traumas de la infancia, etc? Una idea que aparece ya en Lutero cuando escribe: “es falso decir que la voluntad es libre de decidir entre el bien y el mal. La voluntad no es libre, es esclava“.

No pueden existir los compromisos para siempre: en nuestro mundo cada vez más se contempla el compromiso para siempre como una aberración, un atentado a una libertad que no puede admitir restricción alguna (la única restricción que admitirán los modernos es ésta: el uso de la libertad para tomar una decisión definitiva). Algo que ya estaba en Lutero, para quien al hombre, cuya naturaleza está corrompida de raíz, no se le puede exigir un compromiso “para siempre”, que desaparece en favor del “todo el tiempo que quiera, siempre y cuando lo disfrute, siempre que me sea posible“. Así actuó respecto a su voto religioso y a su celibato.

El poder político tiene potestad absoluta sobre los hombres: esta idea, que alcanza su más terrible desarrollo en el siglo XX y que continúa tan campante en el actual, toma un fuerte impulso en el caos provocado por la rebelión luterana. Ante una situación que se le escapa de las manos como es la revuelta de los campesinos alemanes (en la que alrededor de cien mil campesinos fueron asesinados, empalados, quemados y cegados), Lutero entrega todo el poder a los príncipes, pues “Cristo pone cuerpo y bienes bajo el emperador y la ley secular”. La aplicación práctica de este concepto, aunque algo cruda, no deja lugar a dudas: “El momento es tan excepcional que un príncipe puede, derramando sangre, ganarse el cielo. Por esto, querido señores, exterminad, matad, estrangulad y los que tienen el poder que lo usen”.

La Iglesia sometida al Estado: una de las recurrentes amenazas de hoy día que surge como corolario a lo antes expuesto y que, en tiempos de Lutero, germina en la aparición de las “iglesias nacionales”. Como escribe Pellicciari, “la jurisdicción eclesiástica se ha convertido en un apéndice de la civil“.

El matrimonio es un contrato que el Estado puede redefinir a su antojo: una de las grandes cuestiones de nuestros días aparece ya cuando Lutero debe enfrentarse a la bigamia del luterano de primera hora Felipe de Hesse. Y lo resuelve así: “El matrimonio es una cosa terrenal, no le corresponde a los sacerdotes o ministros de la iglesia dar ninguna disposición o dirigirnos en este asunto“.

Lutero defiende que se puede dar una dispensa para el “matrimonio extra”, pues éste puede ser determinado por una “necesidad de conciencia“

Y más adelante defenderá que se puede dar una dispensa para el “matrimonio extra”, pues éste puede ser determinado por una “necesidad de conciencia“‘ y “el hombre puede, con el consejo de su pastor, tomar otra mujer“. Nos parece estar escuchando alguno de los argumentos, también procedentes de Alemania, que han ensombrecido la vida de la Iglesia recientemente.

¿Mentir por una buena causa? Pues claro que sí. Una costumbre que de tan extendida ya nos parece lo normal y que no se remonta sólo a Maquiavelo. Escribe Lutero: “Decir una mentira, necesaria, útil y que te ayuda, no va en contra de Dios, al contrario, Él la acoge voluntariamente sobre sí“.

Podríamos seguir, pero será mejor que vayan al libro de Angela Pellicciari y descubran que cinco siglos no son nada y que de aquellos pollos vienen estos lodos.riquezas donadas a la Iglesia católica durante siglos“.

Ya ven, frente a discursos que nos van a decir que en el fondo todos somos buenos, libros como éste son indispensables para poder tener criterio bien formado y entender de dónde vienen algunos de los males que se han ido manifestando en estos cinco siglos desde que Lutero quebró la Cristiandad.

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infovaticana

2016/10/24

Ángela Pellicciari: ‘Lutero bendijo la creación de un poder absoluto’

Lola González

(da "infovaticana.com")

La verdad sobre Lutero

La autora del libro ‘La verdad sobre Lutero’ desmiente los mitos creados en torno a la figura del artífice de la Reforma, analiza sus verdaderas motivaciones y las consecuencias de su rebelión contra Roma.

El 31 de octubre de 1517, el monje agustino Martín Lutero se rebeló contra la Iglesia clavando sus 95 tesis en la puerta del castillo de Wittenberg. Esta rebelión supuso el inicio de una Reforma que dividió a la Iglesia e hizo perder a Europa su unidad religiosa.

Quinientos años después de estos acontecimientos y con motivo de la publicación de su libro La verdad sobre Lutero editado por Voz de Papel, la historiadora italiana Ángela Pellicciari analiza las verdaderas motivaciones del artífice de la Reforma, sus contradicciones y las consecuencias de su rebelión.

¿Cuál era la situación de la Iglesia en el momento en el que se produjo la Reforma?

Después del Cisma de Occidente, la Iglesia necesitaba una reforma. Existía lo que se conocía como fiscalismo y “commenda”, que exigía a la persona a la que se le encargaba un oficio anticipar la ganancia de un año del beneficio adjunto. Si alguien era nombrado párroco, por ejemplo, tenía que adelantar los beneficios de un año de ese cargo. En estas circunstancias, está claro que llega a ser obispo, cardenal, arzobispo o párroco el que dispone de los recursos financieros necesarios.

Asimismo, algunos obispos y sacerdotes se convierten en titulares encargados de decenas -a veces cientos- de diócesis y de parroquias. De esta forma, un obispo podía serlo de doscientas diócesis si era rico y le podía anticipar al Papa los beneficios de un año de todas estas diócesis.

El fiscalismo y la commenda se asocian con la inmoralidad, el absentismo y la falta de espíritu misionero. La Iglesia debía reformarse y en algunos lugares se reformó. En España, empieza la reforma de la Iglesia con el matrimonio de los Reyes Católicos. En España e Italia se hace esta reforma de la Iglesia.

¿Cuáles eran las motivaciones que llevaron a Lutero a rebelarse contra Roma?

El orgullo. Lutero era un hombre dominado por el odio que desmanteló la Iglesia para construirse a sí mismo, para presentarse como el gran reformador. Hablaba como si fuera el auténtico intérprete de Jesucristo, se consideraba a sí mismo un alter Christus, y presentaba al Papa como el anticristo. Negó la existencia del sacerdocio como sacramento y desmanteló el sacramento del matrimonio, así como las órdenes religiosas.

Lutero se erige como juez incontestable y cree que él tiene que decidir a quién le compete la autoridad dentro de la Iglesia. Dice que ya no pertenece al clero porque se ha vuelto indigno. Eliminado el clero, ¿quién va a gobernar la Iglesia alemana? Él dice que la voluntad de Dios es que la gobiernen los príncipes, porque los príncipes han sido elegidos por Dios.

El monje agustino borra las interminables batallas libradas por el poder espiritual para ser autónomo de la autoridad temporal. Él le da la autoridad dentro de la Iglesia a los príncipes en nombre de la libertad.

¿En qué consiste realmente esa libertad de la que habla Lutero?

Es la libertad respecto a Roma, porque Lutero estaba a favor de un absolutismo total. Lutero es quien autoriza y bendice la creación de un poder absoluto, un poder que combina los aspectos temporales y espirituales. En Alemania había un totalitarismo absoluto, ya que los príncipes tenían el poder político y el poder espiritual. Jesús decía “Dad al César lo que es del César”. Lutero, sin embargo, hace lo contrario: da al César lo que es del César pero también lo que es de Dios. Con Lutero comenzó el absolutismo moderno y el individualismo moderno. Él siempre hablaba de libertad, pero consideraba que el hombre no tenía libre albedrío.

¿Cuál es la relación entre la Reforma de Lutero y el nacionalismo?

Es una relación muy fuerte. Lutero detesta a Roma. Llama a la revuelta, a la guerra, a la rebelión, a la revolución contra Roma. Lutero ha pasado a la historia como el padre de la identidad alemana, de la lengua y el espíritu alemán. * espíritu de fondo es el nacionalismo alemán contra Roma,* porque hasta entonces Alemania era un Imperio unido al Papa. Lutero separa a Alemania de la comunión con Roma, traduce la Biblia al alemán y se convierte en el “profeta de Alemania”. Pretende quitar las raíces romanas del Imperio. Roma significa no solo Roma, sino también la tradición greco-romana y Lutero rompió con las raíces filosóficas griegas y romanas. El daño al pueblo alemán es incalculable, implícitamente abandonado a la soledad de su propia mitología pagana y el extremismo sectario.

El estudio de las fuentes, la vuelta a la Escritura y a los Padres, la crítica de la escolástica, el ataque a la fe supersticiosa y a las mil formas de religiosidad popular, en una palabra, el humanismo en Alemania se colorea de nacionalismo. *La literatura en lengua alemana nace antirromana y el Dante local se llama Lutero. *

¿Detrás de la Reforma había una lucha de poder?

Sí, había una lucha de poder. Los príncipes siguen a Lutero para obtener riquezas. La Iglesia en Alemania contaba a principios del siglo XVI con un tercio del patrimonio inmobiliario nacional y esos bienes Lutero se los ofrece a los príncipes. Las consecuencias de la política de Lutero han sido desastrosas. La mayor revolución del segundo milenio. Ha dado instrumentos a los enemigos de la Iglesia para atacar a la Iglesia desde dentro. Era un hombre dominado por el odio, odio contra la Iglesia romana, odio contra los judíos.

¿Por qué ese ataque de Lutero a los judíos?

Porque él en un principio pensaba que los judíos se convertirían, porque el suyo era “el verdadero evangelio”. Al comienzo de su vida pública, Lutero no tiene ni mucho menos una actitud hostil hacia los judíos. Cuando los judíos se niegan a convertirse al “evangelio puro luterano”, les desprecia y hace un llamamiento a devastar sus hogares, quemar sus sinagogas, privarles de sus libros de oraciones o negar a los rabinos bajo pena de muerte la tarea de enseñar.

¿Por qué la Reforma no se extiende en España? ¿Cuál fue el papel de la Corona española?

Porque España e Italia reformaron la Iglesia, había ejemplos de obispos, sacerdotes y religiosos buenos. El papel de la Corona española fue muy fuerte. España estaba atacada por todas partes porque había permanecido católica.

¿Cómo influyó la propaganda en la difusión de las ideas de Lutero?

Los revolucionarios de todos los tiempos tienen en común un lenguaje: sencillo, claro, popular, lapidario. Un lenguaje que se corresponde con las necesidades de la propaganda, fácil de repetir, que se abre paso y se impone con la fuerza de las imágenes. Lutero, el gran revolucionario de los tiempos modernos, no es una excepción. Era un genio de la propaganda e hizo una campaña muy bien orquestada. Desde los primeros años, Lutero utiliza imágenes blasfemas para despertar el odio, y con el odio el desprecio, y con el desprecio la burla a la Iglesia romana. Lutero quería una iglesia “pura”, sin imágenes. Decía que el culto debía purificarse y de hecho destruyó las imágenes sagradas. Pero era un hombre inteligente y conocía el poder de la imagen y creó, por tanto, sus propias imágenes.

Intentó convencer al pueblo alemán de que el Papa era el anticristo. No se trataba de hacer discutir a los sabios, sino de convencer al pueblo para entrar en batalla. Creó nueve dibujos que él quería que todos los jóvenes alemanes tuvieran en casa en los que se atacaba al Papa. Los folletos que difundía tenían títulos tan claros como subversivos y falsos, acompañados por repulsivas imágenes de caricaturas que harán escuela con los jacobinos franceses. El ataque a Roma es violento, llevado a cabo con los métodos de la retórica y la propaganda, empezando por la calumnia.

¿Cuáles han sido, en su opinión, las principales consecuencias de la Reforma?

Lutero dividió a la Iglesia en nombre de la verdadera Iglesia. Es un ataque a la Iglesia desde dentro, el peor que puede existir. Lutero desmanteló la Iglesia. Con el libre examen, cada uno se relaciona directamente con Dios, cada uno lee la Biblia y la interpreta a su manera, confiando en la ayuda del Espíritu Santo. Elimina la función del magisterio y niega el orden sacerdotal. Tampoco existe el sacramento del matrimonio, y, por tanto, éste no es indisoluble. Lutero está, asimismo, en la base del relativismo moderno, del subjetivismo moderno, de la duplicidad moderna: en nombre de la libertad crea un absolutismo total.

Estamos ante la articulación fundamental de la modernidad. Ante las contradicciones irreconciliables de la modernidad que, separando la libertad de la verdad, exige y reclama solo respetar los dictados de la conciencia individual. Pío XII resume el drama de la apostasía de Occidente que comienza con el protestantismo, continúa con la Ilustración y llega al ateísmo: “Cristo sí, Iglesia no. Después: Dios sí, Cristo no. Finalmente el grito impío: Dios ha muerto; es más, Dios nunca ha existido”.

El testamento de Lutero fue recogido y divulgado por el pensamiento gnóstico, jacobino y liberal-masónico, dominado por el odio y por la guerra contra la Iglesia católica. Y en nombre de la santidad de este odio, no sólo la ciencia histórica se ha transformado en una conspiración contra la verdad, sino que se han derramado ríos de sangre.

¿Cuál es la herencia que ha recibido la sociedad actual del artífice de la Reforma?

El relativismo, el individualismo y el pensamiento gnóstico, por ejemplo, son frutos de las semillas plantadas por Lutero.

500 años después, cuando en todo el mundo se celebran actos de conmemoración del quinto centenerio de la Reforma protestante, ¿se ha olvidado el daño que causaron a la Iglesia las acciones de Lutero?

¿Cómo ataca Satanás a la Iglesia? Desde fuera con la persecución y desde dentro con la herejía. Yo creo que hoy hay un ataque herético muy fuerte. Se puede hablar de Lutero como de un reformador cuando lo que es su reforma es un ataque dentro de la Iglesia. Esto es un ataque modernista. ¿Qué quería el modernismo? Uno de los mayores exponentes del modernismo en Italia decía: hay que transformar la Iglesia en una Iglesia protestante pero no de forma violenta sino poco a poco.

¿Qué visión tenía Lutero del hombre y la naturaleza humana?

Tenía una visión del hombre terrible. El hombre tiene una voluntad esclava. En su opinión, el hombre es como un caballo montado por dos jinetes: si se sienta encima Dios, quiere lo que Dios quiere, si se sienta encima Satanás, quiere y va en la dirección que Satanás le indica. El hombre no es responsable de sus acciones, así que no puede haber para él ninguna recompensa o condena. Esto implica la doble predestinación, porque, si yo soy esclavo, no puedo hacer obras buenas, porque todo lo que hago no viene de mí, viene de quien me maneja. Entonces, ¿cómo sé si voy al cielo o al infierno?

Él dice que Dios crea a algunos hombres destinados al infierno y a otros destinados al paraíso. Si esto es así, entonces Dios sería un monstruo que crea a algunas personas solo para hundirlas en el infierno. Sin embargo, en la Biblia se dice que Dios es Padre y que da la vida de su Hijo por los hombres. Entonces, ¿por qué habría de crear a un hombre para enviarlo al infierno?

Su libro se titula La verdad sobre Lutero, ¿qué grandes mitos se han creado en torno a su figura?

Que era un hombre muy moderno que defendía la idea de la libertad y la igualdad. La libertad es la libertad respecto a Roma porque el hombre no tiene libre albedrío, es esclavo. Lutero no era ningún profeta de la libertad. Además, en Lutero la desigualdad entre los hombres es tan radical que se convierte en metafísica: algunos son creados para la salvación, otros para la condenación.

¿Y cuáles fueron sus contradicciones?

Lutero es el hombre de la paradoja. Lutero decía una cosa y hacía la contraria. Siempre. Hizo todo lo contrario a lo que dijo Jesús. Lutero exalta la mentira y la defiende cuando el fin es bueno. Transforma las cosas según su conveniencia.

El Papa Francisco viajará a Suecia para participar en un encuentro ecuménico católico-protestante con motivo del quinto centenario de la Reforma. ¿Cómo valora la actual relación de la Iglesia católica con los luteranos?

Yo espero que los luteranos vuelvan a casa como están haciendo los anglicanos. La verdad está con Pedro. Esperemos que los protestantes conozcan a Lutero y vuelvan a casa.

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Primato di Pietro

2016/10/22

Angela Pellicciari: “Lutero puso el primer eslabón del pensamiento antisemita de Hitler”

En 'La verdad sobre Lutero' se analiza su pensamiento y las consecuencias de la Reforma Protestante, que entronca con el pensamiento totalitario y relativista. Con el luteranismo se quiebra la libertad religiosa, la independencia de la Iglesia y nace el nacionalismo.

(da "Actuall.com")

Martín Lutero puso la semilla del pensamiento nazi de Adolf HItler Adelantándose un año al centenario de que Martín Lutero clavara sus famosas tesis contra el Papa y la Iglesia católica en la iglesia del palacio de Wittemberg en octubre de 1517, la editorial Voz de Papel ha publicado un volumen magro de tamaño, pero sumamente jugoso por su contenido, titulado ‘La verdad sobre Lutero’.

Su autora, la historiadora italiana Ángela Pellicciari, habla con la misma contundencia que escribe sobre la controvertida figura de Lutero, un monje agustino que terminó dividiendo la Iglesia católica, despotricando del papado, poniendo patas arriba Europa y cimentando un pensamiento relativista y devastador que ha llegado hasta nuestros días.

¿Fue Lutero un populista que aprovechó una coyuntura, como han podido hacer recientemente Beppe Grillo en Italia o Pablo Iglesias en España?

Es un salto muy grande, no podemos usar esta categoría. No es un populista, es un absolutista, un totalitario. Lutero defendía que todo el poder debía ser para el príncipe. Es el fundador de la nación alemana. Alemania era un imperio, no una nación. Lutero separa al Imperio alemán de Roma y convierte a Alemania en una nación, porque Roma sigue siendo Roma. Él quería ser el imperio universal.

La Iglesia es católica, apostólica y romana. ¿Por qué? No sólo porque Pedro y Pablo hayan muerto en Roma, sino porque fueron a Roma, porque Roma lo es todo y la Iglesia es para todos. La Iglesia sólo puede ser romana. Esta romanidad, esta catolicidad, siempre ha sido envidiada por los enemigos de la Iglesia: Los arrianos, el Imperio bizantino… Después Francia, con el cisma de Avignon. Los protestantes van contra Roma, porque quieren ocupar su lugar, al igual que la masonería.

Todos quieren tener la fuerza universal del Papa.

Angela Pellicciari

La doctora en Historia eclesiástica Ángela Pellicciari está especializada en el Rissorgimiento y las relaciones del papado con la masonería /angelapellicciari.com

La doctora en Historia eclesiástica Ángela Pellicciari está especializada en el Rissorgimiento y las relaciones del papado con la masonería /angelapellicciari.com ¿Lutero fue un adanista que se presenta como si fuera el primero en la historia en comprender a Dios y a la Iglesia?

En la Dieta de Worms, Carlos V pone en evidencia la gran presunción de Lutero, cuando asegura: “Gran vergüenza y afrenta nuestra es que un solo fraile, contra Dios, errado en su opinión contra toda la cristiandad, así del tiempo pasado de mil años ha y más como del presente nos quiera pervertir y hacer conocer, que toda la dicha Cristiandad sería y habría estado todas horas en error”.

El odio que tiene por los judíos, que traslada a Alemania y a la filosofía alemana y luego al nacionalsocialismo, deriva precisamente de su adanismo. Él estaba convencido de que los judíos se convertirían a él, porque cree que él predica el verdadero evangelio de Jesucristo.

Al no suceder la conversión de los judíos a la nueva fe protestante, Lutero enuncia una serie de acciones a realizar sobre “el odioso y maldito pueblo judío”, de entre las que destacan quemar todas sus sinagogas, devastar sus casas, privarles de todos sus libros de oraciones y decreta que “sea impuesto el trabajo duro a los judíos jóvenes y fuertes, hombres y mujeres, para que ganen el pan con el sudor de su frente”.

Hitler reimprime este texto, que los protestantes habían ocultado.

“El odio en las imágenes difundidas durante la revolución francesa no llega al exhibido por Lutero”

¿Lutero pone el primer eslabón del pensamiento antisemita de Hitler?

Sin duda. La filosofía alemana está marcada por el espíritu luterano: Kant, Hegel, Nietzsche, Heidegger… todos. En Italia han salido varios libros con análisis muy precisos sobre esto.

Lutero desarraiga Alemania de Roma, sólo como Iglesia, sino de la cultura greco-romana. Entonces, ¿cuáles son sus raíces culturales? Así llegan a Odín, el rey mitológico. Los alemanes, desarraigados, se ven en la necesidad de construir un nuevo relato fundacional que les exalta como los primeros, los únicos, los que deben dominar porque son mejores y distintos de los demás. Todo esto viene de Lutero.

¿Fue Lutero el precursor del modo de hacer la propaganda por parte de los nazis o los comunistas hasta llegar a la ideología de género hoy?

Él fue el primero. En Wittemberg, el convento agustino que convirtió en un palacio para su familia y amigos, su “vaticano”, se pueden ver los panfletos que realizaba: todos violentísimos, anticatólicos, llenos de falsedades que luego circulaban por toda Alemania, en especial entre la población más pobre y menos instruida que no tenía herramientas para contrarrestarlos.

Él sabía adoctrinar: crea cánticos, y, después de destruir la iconografía católica, crea junto a Lucas Cranach una serie de imágenes contra el Papa que quería que estuvieran en todas las casas.

El odio en las imágenes difundidas durante la revolución francesa no llega al exhibido por Lutero. El suyo es mucho peor.

Lutero-grabados-A1

Uno de los grabados que distribuyó Lutero en el que el Papa es parido por una diablesa

¿Cómo cambia el concepto de la libertad religiosa con la Reforma?

Lutero es el primero que separa la libertad de la verdad, por lo que tiene que dar contenidos nuevos a la palabra libertad. Entonces, uno es libre si desprecia a Roma, si odia al Papa… Si no, no.

¿Cómo se plasma esta quiebra de la libertad en el estado moderno?

Lutero rompe la relación entre la libertad y la verdad, por lo tanto ya no hay libertad, porque sólo la verdad te hace libre, la verdad de ser hijo de Dios. Pero si esto no es así, si esta verdad universal varía por el libre examen, la libertad se convierte en un totalitarismo y llega el despotismo ilustrado.

Una cosa importante en Lutero es que con el libre examen no existe la verdad teológica y, sin ella, ¿dónde está la verdad? Sólo queda la razón.

Los filósofos desde el siglo XVII quieren la verdad sin la revelación. O contra ella, porque es su razón la que dice la verdad. Esto sucede con el despotismo ilustrado y luego con el jacobinismo, la masonería, etc.

Eso también es muy actual…

(Risas) Para Lutero el hombre es un caballo. Si el que lo monta es Dios, va en un sentido; si el que lo monta es Satanás, va en otro, porque el hombre tiene una voluntad esclava. Esto implica una doble predestinación. Dios crea al hombre para mandarlo al infierno o al cielo, una elección de Dios en la que el hombre no tiene nada que decir porque es esclavo. Entonces Dios es un monstruo, no un padre misericordioso; es un asesino que crea una persona para mandarla al infierno.

“Con la Reforma Protestante no hay espacio para la libertad religiosa”

Entonces, ¿en qué queda la libertad religiosa con el luteranismo?

No hay libertad religiosa. ¿Quién sigue a Lutero? Algunos príncipes, precisamente los más libertinos. El ejemplo más claro es el de Felipe de Hesse que, casado y con siete hijos, quiere casarse con una doncella de 17 años. Y claro, Lutero le apoya.

Estos príncipes le siguen porque les convenía económicamente. Hay que tener en cuenta que la Iglesia en Alemania contaba con un tercio de la riqueza imperial teutónica y todos esos bienes Lutero los pone en manos de los príncipes.

¿Cómo lo consigue?

Por una parte, lo hace eliminando las órdenes religiosas (argumentando que están contra de la libertad, la pobreza y la obediencia); y, por otra, destruyendo el sacramento del orden y, por tanto, eliminando las figuras sacerdotales, episcopales y hasta la del Papa.

Como la reforma de la Iglesia debe respetar a los obispos, pero no son dignos a su juicio, Martín Lutero, como autoridad espiritual, se la encarga a los príncipes bajo el argumento de que decidan lo que decidan, lo decide Dios.

De esta manera, no hay espacio para la libertad religiosa. Los católicos son infames y deben ser destruidos.

La verdad sobre Lutero

Cubierta de 'La verdad sobre Lutero', de Ángela Pellicciari /Voz de Papel

¿Quiebra la Reforma protestante la independencia de la Iglesia respecto al poder temporal?

Sí, se acaba de forma completa porque la Iglesia queda bajo el poder temporal. Se podría comparar con la situación de hoy en China, cuyo régimen no quiere ceder el poder espiritual y obliga a la construcción de una “Iglesia patriótica” controlada.

Así comienza el nacionalismo: poniendo a la Iglesia bajo el poder temporal.

Los príncipes alemanes apoyaron la Reforma porque les convenía, porque les daba mucho dinero

De nacionalismo, Iglesia y poder temporal sabemos bastante en España. PEro volvamos a la Reforma luterana. ¿Por qué no se pudo frenar en Europa (salvo España e Italia)?

Porque la Iglesia, después de Avignón (que fue un desastre total) y del cisma de Occidente, tenía que ser reformada. Y sólo se hizo esta revisión en España e Italia.

Una parte de la Iglesia alemana estaba reformada, pero otra no. Esa sólo se dedicaba a contar dinero. Los príncipes alemanes apoyaron la reforma porque les convenía, porque les daba mucho dinero.

En Alemania existían las instituciones de la comenda y el fiscalismo. La comenda exigía que la persona designada para cubrir un determinado oficio eclesiástico adelantara la renta que dicha posición daba en un año. Eso sólo estaba al alcance de los ricos. Algunos obispos eran titulares de cientos de obispados, siempre que pudieran pagarlo.

Lutero era mucho peor que Enrique VIII porque estuvo más movido por ser como Dios que por la lujuria

Si el cisma anglicano se desencadena por un ‘lío de faldas’ ¿cuánto pesó la concupiscencia de Lutero en el nacimiento de la Reforma Protestante?

En el Génesis, la serpiente le dice a Eva: “Dios tiene celos de ti. Tú debes decir lo que está bien o mal. Debes decidir porque así serás como Dios”. Al fin y al cabo es el pecado original, que se repite. Ni más ni menos.

Con Enrique VIII esto es menos fuerte, porque simplemente era un violento lujurioso que había defendido a la Iglesia católica [fue nombrado ‘defensor de la fe’], pero era un desastre como hombre.

Lutero era mucho peor que Enrique VIII porque estuvo más movido por ser como Dios que por la lujuria.

Algunos anglicanos están retornando a Roma pero no parece que esté sucediendo lo mismo con los protestantes…

Espero que vuelvan. Si saben lo que les ha hecho Lutero, si tienen buena voluntad, volverán a Roma.

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Lutero

2016/10/21

«Lutero representa el alma de la modernidad en su lucha frontal contra la Iglesia católica»

Carmelo López-Arias

(da "religionenlibertad.com")

La conmemoración del quinto centenario de la Reforma protestante ha reabierto el interés por la personalidad histórica de Martín Lutero (1483-1546). El 31 de octubre de 1517, el entonces monje agustino clavó en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg sus célebres 95 tesis, dando origen a una revolución que cambió la faz de Europa.

Angela Pellicciari, doctora en Historia Eclesiástica y profesora de Historia de la Iglesia en los seminarios Redemptoris Mater, acaba de publicar en España su libro La verdad sobre Lutero (Voz de Papel), donde examina la vida y obra del reformador.

Curiosamente, su interés por la figura de Lutero surgió a raíz de sus estudios sobre otro fenómeno histórico de gran relevancia para la Iglesia, el Risorgimento, que dio origen a la unidad de Italia y acabó con los Estados Pontificios, un periodo histórico al que ha dedicado ya varios libros.

-Antes de explicarnos por qué esa línea de trabajo le llevó a Lutero, ¿puede sintetizarnos qué fue el Risorgimento? -Es el periodo a mediados del siglo XIX en el que la península italiana, hasta entonces dividida en muchos estados pero perfectamente unida desde un punto de vista cultural y religioso, se unificó políticamente bajo los Saboya. El Risorgimento se realizó oficialmente en nombre de la moral, del progreso, de la constitución y de la libertad.

-¿Por qué dice “oficialmente”? ¿No fue así? -En realidad, por primera vez en su historia milenaria la Iglesia fue reducida a una colonia. Colonia de las potencias liberales anticatólicas. Las cosas sucedieron exactamente al revés de como se contaron y siguen contándose.

-¿Y cómo sucedieron? -En vez de la libertad, triunfó la “tiranía liberal”. En nombre de la constitución, la sistemática violación de todos los artículos de la constitución, comenzando por el primero, que definía la religión católica como única religión del Estado. En nombre del progreso, de la libertad y de la civilización, se desató una guerra frontal contra la identidad italiana, basada desde hace casi dos milenios en la difusión capilar de la fe católica. Se suprimieron todas las órdenes religiosas de la “Iglesia de Estado” (57.493 personas fueron privadas de todo lo que poseían y literalmente arrojadas a la calle) y enormes riquezas culturales, artísticas y económicas terminaron en manos del 1% de la población de fe liberal. La ocupación liberal del Estado provocó una emigración masiva porque la población italiana, por primera vez en su historia, fue reducida a la miseria.

Al Sud, del cantautor italiano Povia, sintetiza en un bello tema el efecto del Risorgimento en el antiguo Reino de Nápoles (Dos Sicilias). Pincha aquí para saber más sobre Povia.

-En toda esa historia, ¿cuál fue el proceso que le llevó hasta Lutero? -Del análisis de las mentiras liberales pasé inevitablemente al análisis del fenómeno masónico y de la relación entre el Papado y la masonería. De ahí me elevé hacia atrás hasta el alma de la modernidad con su lucha frontal contra la Iglesia católica, representada por Lutero y por el protestantismo.

-Pero ¿no hay una cierta leyenda negra contra Lutero fabricada en la Contrarreforma católica? -No lo creo. Para quien conozca a Lutero, hay poco que inventar para fabricar una leyenda negra: una oposición total entre sus palabras de orden y su concreta acción política; la propaganda del odio anticatólico llevada a cabo con todos los medios, incluidos la calumnia y la mentira; una ferviente defensa de la libertad que, unida a la negación del libre albedrío, conduce a una libertad solo respecto a los principios.

-¿A qué se refiere? -A la negación radical de la afirmación de Jesús: “Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. Lutero da al César también lo que es de Dios, ¡y lo hace en nombre de Dios! En nombre de la libertad impone el final de los votos religiosos y del matrimonio como sacramento.

-¿Hubo un Lutero sinceramente reformador antes del Lutero revolucionario? -Toda la vida pública de Lutero es revolucionaria. Desde el inicio.

-¿Desde la escena de Wittenberg en 1517? -De 1517 a 1520 ya está perfectamente delineado el plan revolucionario luterano. Revolucionario, porque no hay nada de reformista en el monje agustino que pretende fundar la identidad alemana sobre el “verdadero Evangelio” predicado por él, fundado sobre el odio al Papa-anticristo y sobre el odio a Roma-Babilonia.

-Pero una Reforma de la Iglesia sí era necesaria… -Tras el periodo de la iglesia en Aviñón (1305-1377), con la plaga del nacionalismo, del fiscalismo y de la commenda, y tras el cisma de Occidente (1378-1417), cisma político con el que Francia intenta llevarse la Iglesia a Aviñón, la Iglesia necesita absolutamente una reforma: deben desaparecer el nacionalismo, el fiscalismo y la commenda, que devastan la vida eclesial y de hecho impiden la pastoral.

-¿Cómo combatirlos? -Las órdenes religiosas deben volver a la observancia de sus reglas, los obispos deben ocupase de sus diócesis y de la predicación, no deben tener más de un cargo pastoral (basta pensar que en algunos casos los obispos tenían más de doscientas diócesis, y también los párrocos, con el necesario corolario del nombramiento de vicarios y de vicarios de vicarios), deben residir en sus diócesis, deben ser moralmente irreprensibles y cultos… Lo contrario de lo que sucedía en la mayoría de los casos.

-¿Y tuvo lugar esa reforma antes de Lutero? -Sí, la Iglesia se reforma.

-Pero no en todas partes… -Comienza en Italia por el monasterio de Santa Justina en Padua, donde en 1419 un grupo de monjes venecianos inicia una profunda reforma de la vida religiosa. La reforma tuvo lugar con el apoyo del Papa y se difundió como una mancha de aceite por toda la península. En España la reforma, que precedió en cien años a las decisiones tomadas por el Concilio de Trento, actuó con gran celo y determinación, con gran fe, impulsada por los reyes católicos Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, que se casan en 1469 y actúan en estrecha comunión con Roma.

-¿Y en Alemania? -También en Alemania, como en todas partes, grandes personalidades, grandes santos, promueven una vida religiosa reformada. Sin embargo, allí la reforma sólo sucedió en forma de manchas de leopardo, en algunas zonas.

-¿Por qué? -En Alemania hay una Iglesia imperial, una Iglesia de enorme poder y grandísima riqueza (se considera que poseía una tercera parte de todo el patrimonio nacional), que desde hace más de quinientos años comparte con el emperador el cuidado de la administración de las grandes ciudades y feudos. Los obispos tienen memoria del emperador Otón. En Alemania todos los obispos son nobles, todos provienen de grandes familias, y en consecuencia, el ansia de poder, prestigio y riqueza ocupa un puesto importante en la vida eclesial.

La verdad sobre Lutero se publica en español tras obtener un gran éxito de ventas y resonancia pública en Italia.

-De todos los errores de Lutero, ¿cuáles podrían abandonar más fácilmente los protestantes de hoy? -La violencia de su desprecio antijudío, cuyas horrorosas consecuencias hemos visto. O el retorno a la verdad histórica, apreciando la cultura y la civilización romana… Pero es un proceso difícil, porque la identidad de las naciones protestantes se basa precisamente en el odio antirromano y en un nacionalismo descarnado que ha arruinado la universalidad romana.

-Y volviendo al hilo que a usted le llevó a Lutero: ¿qué relación hay entre la Reforma y la Masonería? -Con el “libre examen”, esto es, con la libre interpretación de la Biblia por parte de cada fiel, a quien se considera directamente asistido por el Espíritu Santo, Lutero hace imposible el discurso de la verdad teológica: la verdad teológica explota en miles de interpretaciones contradictorias entre sí. El resultado es que la teología ya no es el vértice del saber humano y se considera que sólo los filósofos tienden a la verdad. Unos filósofos que, por primera vez después de muchos siglos, razonan prescindiendo de la Revelación para luego, rápidamente, empezar a filosofar contra la Revelación. Ese saber gnóstico, un saber elitista fabricado por unos pocos desde finales del siglo XVI y durante todo el siglo XVII, aporta al pastor presbiteriano James Anderson las bases filosóficas con las que trazará, en sus Constituciones, las coordinadas esenciales del mundo de las logias.

-¿Participaron los protestantes en el Risorgimento? -En Italia los protestantes siempre fueron pocos. Sin embargo, la élite que impone el Risorgimento es una élite gnóstica, liberal-masónica, que para arrancar el catolicismo en Italia intenta (sin conseguirlo) la difusión del protestantismo. Por otro lado, las políticas religiosas, económicas y sociales de los gobiernos liberales son las mismas adoptadas tres siglos antes por los gobiernos protestantes: fin de la libertas Ecclesiae, disolución de las órdenes religiosas, privatización del inmenso patrimonio religioso, cultural, artístico y económico de la nación… La única diferencia entre la revolución italiana y la realizada en el resto de la Europa protestante es que en Italia los Saboya combatieron a la Iglesia en nombre de la Iglesia. Proclamaban ser mejores que los demás por respetar la constitución, cuyo primer artículo [el catolicismo como religión de Estado] no podían contradecir abiertamente.

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Primato di Pietro

2016/10/19

La verdad sobre Lutero, al descubierto en el nuevo libro publicado en España por Angela Pellicciari

(da "religionenlibertad.com")

El 31 de octubre comenzarán en todo el mundo los actos de conmemoración del quinto centenerio de la Reforma protestante que encabezó Marín Lutero. Durante todo un año se multiplicarán las celebraciones y eventos sobre un cisma histórico. Incluso el Papa Francisco viajará a Suecia para participar en un encuentro ecuménico católico-protestante.

Pero realmente, ¿quién fue Lutero? ¿qué motivaciones le llevaron a encabezar esta rebelión?, ¿qué pasos fue dando hasta motivar el cisma? Y sobre todo, ¿cuáles han sido las consecuencias religiosas, culturales y sociales de la Reforma de Lutero?

Para responder estas preguntas la prestigiosa historiadora italiana Ángela Pellicciari ha publicado el libro La verdad sobre Lutero editado por Voz de Papel y que se puede adquirir aquí. En él, la autora cuestiona el legado del exmonje y analiza sus motivaciones para apartardse de la fe.

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Une Histoire de l'Église



Fr une histoire de l eglise

Quatre cent quatre-vingt-seize pages pour une histoire de l'Église ? C'est peu.

Elles suffisent cependant pour fait apparaître une synthèse structurée des caractéristiques de l'Église à travers les siècles.

Léon XIII écrit dans Saepenumero considerantes en 1883 : « L'art de l'historien paraît être une conspiration contre la vérité. » Ce livre parle de faits, de documents, d'histoires, de prophéties, de péchés et de sainteté, qui permettent de distinguer le vrai du faux, la propagande anticatholique de la réalité ecclésiale effective.

Una historia de la Iglesia



Es una historia de la iglesia

Este libro trata de hechos, documentos, historias, profecías, el pecado y la santidad, que sirven para distinguir lo verdadero de lo falso, la propaganda anticatólica de la realidad eclesial real. En él se narra la gloria de la vida de los mártires y santos junto a las dificultades concretas, ambigüedades y compromisos de las relaciones de los papas con el poder temporal. La autora elige, entre muchos eventos, aquellos que pueden ayudarnos a entender los principales temas, retos y dificultades a los que la Iglesia ha tenido que hacer frente a lo largo del tiempo.

Angela Pellicciari, historiadora especialista en el Risorgimento y en las relaciones entre el papado y la masonería, enseña Historia de la Iglesia en los seminarios «Redemptoris Mater». Escribe en periódicos y revistas y, cada tercer lunes de mes, colabora en Radio María con el programa «La verdadera historia de la Iglesia». De su completa bibliografía, pueden destarcarse los siguientes títulos: Risorgimento da riscrivere. Liberali e massoni contro la Chiesa (1998), Risorgimento anticattolico (2004), I papi e la massoneria (2007), Risorgimento ed Europa (2008) y La gnosi al potere (2014). En español ha publicado su célebre obra La verdad sobre Lutero (2016).

Traducido del original italiano (Una storia della Chiesa. Papi e santi, imperatori e re, gnosi e persecuzione) por Mario José Ridruejo Lólpez.

La verdad sobre Lutero



Es la verdad sobre lutero

Las verdaderas razones de Lutero para apartarse de la fe

El 31 de octubre de 1517, el monje agustino Martín Lutero se rebeló contra la Iglesia clavando sus 95 tesis en la puerta del Palacio de Wittenberg. En años sucesivos elaboró los principios de su doctrina, distinta a la fe católica, abandonó la vida religiosa, se casó con una monja, atacó a los Papas, halagó a los príncipes que le secundaron y agitó revueltas que luego pidió sofocar a sangre y fuego. Europa perdió su unidad religiosa y se vio envuelta en guerras atroces de las que surgió, como nueva entidad política, el Estado moderno.

Angela Pelliciari explica en La verdad sobre Lutero los precedentes de su rebelión, los pasos con los que fue avanzando, las contradicciones en las ideas de Lutero y entre ellas y sus actos y, sobre todo, sus trascendentales consecuencias religiosas, culturales, sociales y políticas. Angela Pelliciari es doctora en Historia Eclesiástica y profesora de Historia de la Iglesia en los seminarios Redemptoris Mater. Como historiadora es especialista en el Risorgimento y las relaciones entre el Papado y la masonería, temas a los que ha dedicado varios libros. Participa habitualmente en los medios de comunicación italianos en debates de actualidad político-cultural.

Martin Luther - La face cachée d’un révolutionnaire



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Martin Luther - La face cachée d’un révolutionnaire

Haine de l'Église, antisémitisme, calomnie, réécriture de la Bible... Le portrait que dresse Angela Pellicciari de Martin Luther est sans concession.

Difficile de contredire cette historienne quand elle constate avec regret que, « même dans les milieux catholiques, on tient presque pour acquis que Luther avait raison et l'Église catholique tort ». S'appuyant abondamment sur les écrits de Luther qu'elle oppose aux paroles de Jésus, l'auteur montre les conséquences de la révolte du prêtre allemand : détachement de l'Église allemande de Rome, paupérisation du peuple, destruction des œuvres de charité, guerre. La réforme préconisée par Luther s'appuie certes sur les abus du clergé, que personne ne conteste, mais elle n'apporte aucune solution. Au contraire, elle enfonce l'Europe dans un cataclysme qui ne s'achèvera pas de sitôt.

L'auteur voit dans la Réforme la marque contemporaine d'une pensée affranchie de toute recherche de la vérité au nom d'une conscience individuelle qui place la liberté de pensée au-dessus de tout dogme.

Les Papes et la franc-maçonnerie



Fr les papes et la franc masonnerie

«S'agréger avec l'une, c'est divorcer d'avec l'autre », écrivait le pape Léon XIII à propos de l'Église et de la franc-maçonnerie. Depuis des siècles, les relations entre l'Église catholique et la franc-maçonnerie n'ont cessé d'être tumultueuses, voire violentes. Persécutions, excommunications, la barrière était infranchissable. Avec le temps, on a pu penser qu'un apaisement général, un climat de bienveillance mutuelle tous azimuts dans l'air d'une modernité tolérante, permettrait désormais de vivre une double appartenance. Pourtant, du 18ème siècle à nos jours, les papes n'ont cessé de répéter et d'expliquer les raisons de l'incompatibilité fondamentale entre l'idéologie maçonnique et la foi de l'Eglise. C'est cette continuité, argumentée, explicitée, mise en lumière que Angela Pellicciari nous expose.

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